Tocados Punteagudos y frente despejada: ideales de belleza del Gótico Tardío

Los factores que han influido e influyen en los cambios de la moda en el vestir son múltiples y variados. Tanto los condicionantes generales -económico-tecnológicos, político-sociales, culturales-espirituales- como los individuales son de igual importancia para analizar ese fenómeno del comportamiento humano que es el acto de vestirse.

El objetivo de estas notas es iniciar una sección en la cual expondremos algunas curiosidades de la indumentaria, la moda y las maneras a través de la historia. Dejando a un lado las reflexiones psico-sociológicas que motivan los cambios en el vestir, abordaremos aquellos aspectos que resulten curiosos y que son parte indiscutible de un fenómeno que, debido al carácter cambiante y efímero que lo define, ha dejado en la historia del vestir anécdotas dignas de conocer.

Vientre prominente y frente despejada:

1450' Writer Christine de Pisan offers her work to Isabel of Bavaria, Queen of France

1450′. Christine de Pisan ofrece su trabajo a Isabel of Bavaria, reina de France

La moda, desde que aparece en su versión artesanal y espontánea, no tarda en ejercer su influjo imponiendo formas y detalles caprichosos en el vestir. La definición de que existe moda cuando aparecen elementos cambiantes en la indumentaria que responden más a la fantasía que a las necesidades (ya sea de orden religioso, diferenciador o como protección) es tan acertada, que solamente observando la variedad de fantasía del traje de los siglos XIV y XV se puede aceptar tal fecha como el origen de la moda.

Uno de estos caprichos es el ideal estético que se impone para las damas del siglo XV, cuando el centro de la moda se encontraba en el ducado de Borgoña. La riqueza de los tejidos, la variedad de mangas en chaquetas masculinas y vestidos femeninos, el capricho de las formas de los tocados, son solamente algunos de los reflejos de la existencia de la moda, cambiante, efímera y caprichosa…

Pero sorprende, sobre todo, el ideal de belleza que toda mujer quería tener en su cuerpo y rostro: la figura debía ser estilizada, con un cuerpo superior pequeño, por lo que el talle de los vestidos se sitúa por encima de la cintura anatómica. Los pliegues del vestido se acumulan en dos puntos esenciales: el vientre y la cola. Sobre el vientre se repartían los pliegues delanteros, lográndose abultar más aún su volumen colocando almohadillas rellenas para lograr el efecto de vientre prominente  deseado.

Rogier van der Weyden. Siete Sacramentos. Bautismo,  confirmación y penitencia (detalle)

Rogier_van_der_Weyden-_Seven_Sacraments_Altarpiece_-_Baptism,_Confirmation,_and_Penance;_detail,_baptism

El rostro era considerado bello mientras más amplitud de frente tuviera. Para lograr tal efecto en aquellas mujeres que por naturaleza no tuvieran una generosa frente, se procedía a depilar la entrada de los cabellos y las cejas, para, de esta forma, dar la impresión de mayor cantidad de frente despejada.

 

1445 Rogier van der Weyden -Isabella of Portugal

1445 Rogier van der Weyden -Isabella of Portugal

 

 

1450's. Isabel de Portugal, duquesa de Borgoña

1450’s. Isabel de Portugal, duquesa de Borgoña

Coronando tales rostros, la recién nacida moda impuso la utilización de los tocados más curiosos y excéntricos. Es la época de los llamados tocados puntiagudos: cónicos, oblongos, esféricos y todos cubiertos con largos velos que, en muchas ocasiones, competían con la cola de los vestidos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s