El Rhingrave y la sobrecarga barroca en la imagen del cortesano.

Con el absolutismo que caracterizó como sistema monárquico a la Europa del siglo XVII, se posibilitó una mayor concentración de la moda en manos de la corte. De ella emanaba no sólo la proyección económica y política de una nación sino también los patrones artísticos y del vestir. Las cortes de los monarcas europeos se convirtieron en los centros de moda del mundo. Los cortesanos sustentaron en ellas una posición de privilegio edificando una fuerte trinchera contra la competencia burguesa. Una vez más -y con mayor fuerza que nunca- la indumentaria era utilizada para diferenciar el status social. El exclusivismo vestimentario aristocrático quedaba, de esta forma, salvaguardado y únicamente sometido al poder del rey, quien podía reservarse para su uso exclusivo determinados materiales, adornos y detalles. 

Este poder de los monarcas sobre la moda encontró en Francia las condiciones propicias para su control y promoción, llegando a obtener una fuerza no superada jamás, ni aún por España en el siglo anterior. Cuando la corte española se había convertido en el centro de moda de toda Europa, la monarquía mantuvo una actitud pasiva, reflejo de ese orgullo nacional característico de la llamada “grandeza española”, sello indiscutible de su cultura del vestir. Francia, por el contrario, al asumir el papel rector a partir de las primeras décadas del siglo XVII, procuró extender y afianzar por todas partes sus innovaciones en el campo de la moda, haciendo de ésta un factor importante para su vida política y económica.

El esplendor de la corte francesa bajo la dinastía de los Borbones se destacó desde sus inicios, pero la centralización total en cuanto a modas se refiere la obtuvo el reinado de Luis XIV, quien se convirtió en soberano absoluto, también, en cuestiones de normas del vestir. A él se debió la introducción en la vida cortesana de patrones de conducta, modos y modas dirigidos a restringir los excesos de la tan habitual vida licenciosa y disipada de su alrededor. El atuendo por él adoptado se convertiría en moda una vez difundido en su imagen. Toda innovación en cuestión de indumentaria debía contar con su aprobación.

1645.Terborch. Hombre de pie

1645.Terborch. Hombre de pie

Y es precisamente este monarca, quien promueve una moda extremadamente recargada: el conjunto denominado Rhingrave. Originaria de los Países Bajos, en su versión inicial era elaborada utilizando solamente paño negro y lino blanco.

 

En la corte francesa, se adapta al gusto cortesano con un gran derroche de colorido utilizando la seda y sus derivados como material.

1659 Laumosnier -Entrevue de Louis XIV de France et de Philippe IV d'Espagne dans l'Île des Faisans DET2

1659. Laumosnier. Entrevista de Luis XIV de Francia con Felipe IV de España en las Islas del faisán (detalle)

Camisa amplia en cuerpo y mangas, chaquetilla corta que muestra gran parte de la camisa, calzón interior que deja a la vista sus extremos en forma de volantes y un amplio calzón-falda…todo ello adornado con cintas rojas, conocidas con el nombre de petit oies…

Figurín de Rhingrave de 1665

Figurín de Rhingrave de 1665

 

Figurín de Rhingrave de 1665

Figurín de Rhingrave de 1665

Esto es sólo un ejemplo de la excesiva decoración y el lujo en el atuendo masculino cortesano en la segunda mitad del siglo XVII, superando, en la mayoría de las ocasiones, al de la mujer. El traje de los caballeros era, bajo todos los conceptos, extraordinariamente rico y se prestaba a toda la magnificencia y disipación….cosas de épocas pasadas.

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