Sobre la “Gran Renuncia” (Parte III)

ESTABLECIMIENTO DE TRAJE BURGUÉS MASCULINO

Aún cuando el propio devenir social propiciaría la victoria del traje burgués, nuevamente la moda británica impulsaría el establecimiento de un nuevo concepto del vestir masculino; en ello incidió grandemente la figura de Brummel. Jorge Bryan Brummel, famoso elegante y decano de la moda en Londres desde 1799 a 1814, constituyó el prototipo de la elegancia británica. Sin cargo ni oficio alguno, se dedicó a brindar sus opiniones sobre el vestir, las cuales se imponían en la “buena sociedad inglesa”.

El hombre burgués respondería con su imagen a las características inherentes a la civilización industrial. El establecimiento del traje burgués era inminente, pero la fuerza y permanencia de éste no pudo ser imaginado jamás por los “sans-culottes” ni por los seguidores del “Bello Brummel”.

1870. El taller de Batignolles. Fantin-Latour

1870. El taller de Batignolles. Fantin-Latour

Al adoptar el traje burgués, los hombres renunciaron a luchar los unos contra otros en el torneo de la moda y dejaron este menester a sus mujeres. Mientras que ellas siguieron las variaciones de la recargada moda del Segundo Imperio bajo la tutela de la bella emperatriz Eugenia y luego las de fines del siglo XIX y principios del XX, ellos se limitaron a variar sólo en detalles un atuendo con fuerte dirección inglesa. A partir de entonces, la exhibición del poder económico y status social alcanzado por un individuo sería mostrado a sus semejantes a través de su pareja, perteneciente al sexo opuesto.

Inglaterra, que seguía ocupando el primer puesto como estado industrial y mercantil, servía de modelo, desde el punto de vista político y económico, de una sociedad burguesa. Es por ello que las ventajas que se predicaran sobre este traje respondían a sus criterios como nación burguesa: era muy cómodo, no llamaba la atención y permitía a los hombres vestirse “convenientemente” con el menor gasto de tiempo, cuidado y dinero .

Con la llegada del siglo XX el traje masculino se uniformó completamente, con un código de reglas bien definidas respecto a su uso. El corte del traje, el largo de la chaqueta, el ancho y forma de los hombros y solapa, la amplitud de los pantalones y el número de botones podían variar, pero eran cambios apenas perceptibles de una década a otra. Después de la Primera Guerra Mundial y una vez efectuadas las transformaciones radicales del traje femenino, la indumentaria del hombre se mantuvo prácticamente inmóvil.

1906. Figurines de moda masculina. Las opciones de vestir de etiqueta se definieron en dos prendas: frac o smoking, ambas en tejidos de color negro.

1906. Figurines de moda masculina. Las opciones de vestir de etiqueta se definieron en dos prendas: frac o smoking, ambas en tejidos de color negro.

Existían ya en los países desarrollados un sector de empleados – representantes del capitalista propietario de grandes negocios, empresas o consorcios- que ejercían el control sobre la gran masa trabajadora a sueldo. Ellos fueron los primeros en adoptar con mayor rigidez el “uniforme gris”, derivado de la imagen del burgués ya establecida y exponente máximo de su indumentaria.

Hombres de 1921

Hombres de 1921

Los valores de austeridad, seriedad y de integración al status existente eran expresados a través de ese traje que gradualmente se fue extendiendo a los sectores más próximos que aspiraban a alcanzar su nivel: la pequeña burguesía de empleados y burócratas privados y estatales. El “uniforme gris”, también conocido como white collars (cuellos blancos: denominación que podríamos traducir con la expresión “de cuello y corbata”) se convirtió en modelo de referencia central en el plano de lealtad al estado, a la ética burguesa y a su línea estética seleccionada.

En todas las oficinas de las llamadas “empresas modernas” en Europa, América e inclusive algunos países de Asia, el hombre con traje oscuro de tres piezas, cuello y corbata, representaba la regla. Quien alterara esta imagen uniformada expresaba que no había llegado a la digna posición de funcionario o era considerado un excéntrico, exhibicionista o inadaptado. En la mayoría de las universidades europeas el estudiante no podía asistir a los exámenes universitarios sin estar vestido de “cuello y corbata”. La seriedad y calificación de un aspirante a un puesto de trabajo estaba dada por esta corrección de su imagen.

1939. Los códigos del 'bien vestir' masculinos exigían la sobriedad de los tonos y la presencia de cuello y corbata

1939. Los códigos del ‘buen vestir’ masculinos exigían la sobriedad de los tonos y la presencia de cuello y corbata

1936. Figurines

1936. Figurines

1959. Figurines

1959. Figurines

Este modo del vestir masculino tuvo su etapa de mayor estabilidad entre los años que van de 1920 hasta 1960 y su máximo esplendor hacia la década de 1950. El hombre de “traje gris” representaba a una sociedad en que predominaba la funcionalidad, la profesionalidad específica, la posibilidad de afirmarse e integrarse, evidente influencia de la imagen idealizada de la sociedad americana, o más bien del “sueño americano”. Este parecía ser la máxima aspiración en una sociedad como la europea en que la civilización había permitido la persistencia de las diferencias de clase, del control social, del autoritarismo.

En breve las CONCLUSIONES…

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