IDA RUBINSTEIN – Bailarina, coreógrafa, mecenas y promotora del ESTILO ORIENTAL en la MODA

Ida Rubinstein

Ida Rubinstein

El 24 de junio de 1911, un selecto grupo de 300 personas fueron convocados la fiesta ‘Oriental’, “Las mil y una noches”, convocada por el modisto Paul Poiret. Al llegar a la ‘maison’ los asistentes -exóticamente ataviados- fueron recibidos por seis hombres con el torso desnudo en pantalones de seda. A través de una niebla de incienso, un camino de luces que parpadeaban guiaban a los asistentes al jardín decorado con alfombras persas. El ambiente sonoro, con el ritmo de las flautas, se completaba con los sonidos de los monos y loros que deambulaban entre los árboles frutales. Bajo un gran dosel pintado a mano, los visitantes descubrían a su anfitrión tirado sobre un montón de cojines. Monsieur Poiret, el ‘pashá de París’, quien a golpe de látigo hizo aparecer a su favorita “concubina”: su esposa y musa Denise, desde una jaula de oro gigante.

Mucho se ha escrito sobre el estilo oriental en la moda lanzado por el célebre Paul Poiret en los primeros años del siglo XX. Pero para que esta propuesta llegara a convencer estéticamente al público y, por tanto, convertirse en moda, muchos factores contribuyeron. Según Peter Wollen, en su trabajo “Fashion/Orientalism/ The Body”, Poiret fue uno de los europeos que contribuyó a cambiar la ‘retina moderna’.
1911. poiret
Trabajando cercano al espíritu de Bakst o Matisse, los otros dos grandes coloristas, Poiret, como decorador y modisto, fue capaz de que una nueva estética fuera aceptada.
Y en cualquier aceptación de una nueva estética, juega un papel decisivo los iconos, referentes de ‘lo nuevo’, cuya imagen contribuye a que se produzca ese cambio en el gusto que no es más que la repetición en la retina de imágenes hasta que éstas lleguen a ser aceptadas e integradas en nuestro registro visual. Y uno de esos iconos, entre los años 1909 y 1917 fueron Ballets Russes de Diaghilev y una de sus bailarinas: Ida Rubinstein.

Ida Lvovna Rubinstein (1885 San Petersburgo, Rusia – 1960, Vence, Francia) fue una bailarina de ballet, convertida en ícono en los años 1909-1920. Nacida en el seno de una acaudalada familia judía, quedó huérfana a muy temprana edad. Rubinstein había comenzado su carrera en San Petersburgo, donde fue introducida a Fokine por Bakst en 1908, a petición de la joven acaudalada, quien deseaba dar clases de baile con el fin de hacer el papel de Salomé en su propia producción de la obra de Oscar Wilde, ‘Salomé’. Poseía un interés especial de aparecer en la ‘Danza de los Siete Velos’. Al final, la producción fue prohibida debido a los rumores que circulaban de la intención de Rubinstein de aparecer desnuda después de que el último velo fue retirado.

Ida Rubinstein, Cleopatre, 1909.

Ida Rubinstein, Cleopatre, 1909.

Al año siguiente, Bakst y Fokine persuadieron a Diaghilev a que contratara a Rubinstein para interpretar el papel de Cleopatra, en el ballet basado en ‘Noches egipcias’ de Pushkin, el cual iba a ser presentado en la primera temporada en París. Bakst y Fokine incorporaron la ‘Danza de los Siete Velos para el nuevo ballet’, agregándolos hasta doce. Sobre los hombros de seis esclavos, aparecía un sarcófago en escena que, al abrirse, surgía la Rubenstein, envuelta de pies a cabeza como una momia. Cocteau describió el final de la escena cuando la bailarina elimina el último velo: “se inclinó hacia adelante con algo del movimiento de las alas de un Ibis (…) una increíblemente mujer alta, delgada…”. 

Vaslav Nijinsky e Ida Rubinstein en "Scheherazade", 1910

Vaslav Nijinsky e Ida Rubinstein en “Scheherazade”, 1910

Rubinstein bailó con los Ballets Rusos nuevamente en la temporada de 1910, actuando en “Scheherazade”, ballet muy admirado por su sensualidad y suntuosa puesta en escena. En 1911 actuó en “Le Martyre de Saint Sebastien”, con un libreto de Gabriele D’Annunzio y música de Claude Debussy, triunfo tanto por el estilizado modernismo de su puesta en escena como por el escándalo: el arzobispo de París pidió a los católicos no asistir debido a que San Sebastián era interpretado por una mujer y, además, judía. Después de dejar los Ballets Rusos, Ida Rubinstein fundó y financió varias compañías de ballet y trabajó con varios coreógrafos y compositores importantes entre ellos Arthur Honegger. Escenificó eventos libres de ballet y continuó danzando hasta el inicio de la II Guerra Mundial.

Ida Rubinstein no está considerada entre las bailarinas de primera fila, ya que comenzó su preparación muy tarde para que eso fuera posible. Sin embargo, tenía una gran presencia escénica y gran capacidad de actuación. Fue un patrón significativo y tendió a encargar obras que se adaptasen a sus habilidades, obras que mezclaran la danza con el drama y la puesta en escena. Gracias, sobre todo, a una fuerte personalidad y a un físico que supo explotar sin estar sujeta a convenciones, ni en el arte, ni en su vida.

Ida Rubinstein por D.Cobleigh,1913

Ida Rubinstein por D.Cobleigh,1913

Ida Rubinstein en Fedra, 1923

Ida Rubinstein en Fedra, 1923

Su figura alta y delgada le permitió llevar los vestidos más extravagantes, a menudo con tres niveles de faldas superpuestas que en cualquier otra figura ocultaría la silueta de la portadora. En la vida privada era tan espectacular como en el escenario, deteniendo el tráfico en Piccadilly o la Place Vendome, cuando apareció como una amazona, que llevaba largos y puntiagudos zapatos y plumas muy altas en la cabeza, las cuales aumentaban aún más su estatura.

Diseño de Leon Baskt para Ida Rubinstein

Diseño de Leon Baskt para Ida Rubinstein

Su ropa era diseñada tanto por Bakst como por Poiret llegando a convertirse en un personaje fascinante, que atraía la mirada tanto dentro como fuera del escenario. Con kohl alrededor de sus ojos, su pelo según Cecil Beaton “como un nido de serpientes negras”, que le recordaba a una Medusa.

Ida Rubinstein en 'Secrets Of The Sphinx'

Ida Rubinstein en ‘Secrets Of The Sphinx’

Rubinstein fue también muy celebrada en el arte y fue retratada por varios pintores y dibujantes. No escondió su bisexualidad y comenzó (en 1911) un affaire de tres años con la pintora Romaine Brooks, que pintó un impactante retrato suyo y la usó como modelo desnuda para su cuadro Venus.

Ida Rubinstein por Romaine Brokks, 1911-12.

Ida Rubinstein por Romaine Brokks, 1911-12.

Cecil Beaton describió cómo el mundo de la moda había contribuido al ‘cambio de la mirada’ y la aceptación de una nueva estética, haciendo posible que la ciudad de París se llenara en la noche de colores vivos, faldas harén, flecos y voluptuosidad.

Diaghilev, Poiret y Matisse lo lograron y personajes como Ida Rubinstein contribuyeron a ello.

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