El TRAJE BURGUÉS MASCULINO. PARTE II: LA ‘REGENCY’ BRITÁNICA (1811-1820). El control en la etiqueta: ACCESORIOS

 

1820. Karl Bryullov. Retrato de N. A Okhotnikov

1820. Karl Bryullov. Retrato de N. A Okhotnikov

Con esta publicación concluimos con la descripción de los elementos que faltan para completar lo que constituye el conjunto ‘de vestir’ para el atuendo masculino del período conocido como la ‘Regency inglesa. 

En la anterior nos referimos al tocado y, tal como anunciamos, terminamos con esos detalles, aparentemente de poca significación pero de gran importancia como parte del ‘saber vestir’ de un hombre verdaderamente elegante: nos referimos a los accesorios. El conjunto masculino de ‘vestir’ durante la Regencia inglesa se distinguía de los conjuntos informales también por sus accesorios. Dentro del estricto código de la etiqueta, el material, la forma y su uso según la actividad, estaba perfectamente marcado no solamente para el tipo de conjunto, sino según la ocasión.

GUANTES

Para el conjunto ‘de vestir’ los guantes debían ser de cuero fino de color blanco, marfil o beige claro. El protocolo para el uso de los guantes era muy estricto: debían ser usados en todo momento, excepto en las cenas. La excepción fue tan importante como la regla, ya que hubo quien comiera o cenara con ellos. Una guía de etiqueta 1836 que declaró que “no hay nada más absurdo que comer en los guantes puestos”.

En el código del buen vestir burgués, los guantes eran uno de los elementos que requería más atención. El dandismo contribuyó mucho a ello, Brummell le concedía un capítulo especial para ‘dictar’ cómo debían ser los guantes del elegante: confeccionados con materiales tan finos que parecieran la piel natural. Este árbitro de elegancia utilizaba unos guantes elaborados por no menos de cuatro artesanos, de los cuales uno de ellos se había especializado en confeccionar únicamente la parte del guante que cubre el dedo pulgar.

Guantes y bastón: complementos indispensables para el verdadero elegante

Guantes y bastón: complementos indispensables para el verdadero elegante

Otro famoso dandy, el conde D’Orsay fue conocido por usar seis pares de guantes al día: confeccionados en piel de reno para la mañana; los de gamuza para la caza; para viajar a la ciudad, los de castor; los trenzados en seda para ir de compras; los de piel de perro para la cena y los de piel de cordero con seda para la noche.

PAÑUELO

Uno de los elementos que más distinguía el conjunto de ‘vestir’ del resto de los conjuntos masculinos era el pañuelo. Para las actividades de noche, todo hombre debía usar un pañuelo de fina muselina blanca (podía tener encaje en sus bordes). Este pañuelo, no estaba a la vista como sucedió después colocado en los bolsillos de las chaquetas o smoking, sino que era guardado en los bolsillos interiores de los faldones del frac. Estos bolsillos no eran visibles y también servían para guardar discretamente los guantes cuando el caballero se los quitaba para cenar.

Aunque el uso del pañuelo como signo de distinción se remonta al siglo XVI, en las maneras de la sociabilidad burguesa es cuando –debido a la limitación mayor de la decoración en el traje masculino- adquiere una atención especial.

RELOJ DE BOLSILLO

El reloj de bolsillo era otro accesorio imprescindible, el cual se ocultaba en un bolsillo pequeño que tenían los calzones o pantalones a la altura de la cintura. La creación del primer reloj de pequeñas dimensiones se debe al alemán Peter Heinlein (hacia el año 1505); era llevado en la ropa desde el siglo XVI. Inicialmente su tamaño no permitía ocultarlo en alguna parte de las prendas, por lo que se introducía en una bolsa o a la vista como joya. A finales del siglo XVII se perfecciona su mecanismo y permite su fabricación de forma plana. Con la aparición del traje burgués masculino, el reloj se convierte en un elemento imprescindible del atuendo del hombre, al agregarse los pequeños bolsillos de ‘ojal’ en la cintura de los pantalones.

Dijes para reloj de bolsillo

Dijes para reloj de bolsillo

Guardado en estos pequeños bolsillos, el reloj podía sacarse gracias a los dijes, realizados de rica orfebrería o tira de tela decorada. Llamado en inglés ‘fob’ (por el nombre que se le daba al pequeño bolsillo), este complemento-joya llegó a constituir una decoración esencial de la imagen –cada vez más sombría- del conjunto de ‘vestir’, llegándose a utilizar más de un dije –acompañando a más de un reloj- en un solo atuendo.

BASTÓN

El bastón ha sido fiel compañero del hombre desde el principio de los tiempos, cambiando pronto su sentido utilitario como herramienta para caminar por los grupos de cazadores y recolectores a convertirse en un signo de poder con la aparición de los bastones de mando en las civilizaciones de la antigüedad. A partir del siglo XVI, el bastón se convirtió en un signo de distinción para las clases privilegiadas, y muchos retratos de personajes eminentes aparecen acompañados de bastones.

Muy utilizado en los siglos XVII y XVIII conjuntamente con la espada, al desaparecer el uso de ésta en el siglo XIX, el bastón se mantiene como complemento indispensable del vestir burgués. Los llamados “bastones-joyas” eran muy demandados por los caballeros: hechos de las más ricas y exóticas maderas y con empuñaduras de orfebrería cubiertas de de piedras preciosas. Y también estaba codificado su uso según la hora del día y la ocasión.

Conclusiones ROPA ‘DE VESTIR’ MASCULINA
Mientras que Francia fue capaz de mantenerse como centro de prestigio desde donde emanaban las pautas de la moda femenina, la superioridad técnica de los sastres ingleses, la promoción de un ‘estilo inglés’ del vestir del hombre desde finales del siglo XVII así como la popularidad de figuras como la de George Bryam Brummell y sus seguidores, propiciaron que, a partir de 1820, Inglaterra se convirtiera en centro de la moda masculina.

El estilo británico del ‘vestir burgués’ masculino sería, a partir de entonces, el punto de mira para toda Europa y América. En lo relativo a la ropa de noche, cuando termina la etapa de la Regencia el código de frac oscuro y pantalón blanco se había convertido en la norma. Con el paso de la corona de Guillermo IV a su sobrina Victoria, el Imperio británico comenzaría una época de prosperidad sin igual y el conservadurismo proclamado por Brummell sería la norma: había comenzado el afianzamiento del ‘uniforme burgués’ que sería expandido al mundo entero.

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