SOBRE LOS OFICIOS DE LA COSTURA- Louis Hippolyte LeRoy- Modisto de la corte napoleónica.

Louis David. "La sacre de Napoleon". 1805-1806

Louis David. “La sacre de Napoleon”. 1805-1806

Tal como hemos señalado en las anteriores publicaciones dedicadas a los oficios de la costura, la aparición de la actividad independiente de algunos artesanos coincide con la descomposición gradual de los gremios, los cuales cada vez tenían menos control sobre producción individual de sus trabajadores hasta desaparecer paulatinamente, entre finales del siglo XVIII y principios del XIX. Es la época en que muchas jóvenes se desplazaron hacia las ciudades, en las que se incorporan a talleres como costureras o trabajan por su cuenta ofreciendo sus servicios a las casas de los burgueses. Sin embargo, los sastres hombres continuaron siendo los de mayor prestigio y quienes disfrutaron de ventajas legales para desarrollar su profesión. 

Uno de los que más prestigio alcanzó en los primeros años del nuevo siglo fue Louis Hippolyte LeRoy. Su lugar de trabajo: París. Su clientela: la alta clase o nueva ‘nobleza burguesa’. 

En Francia, una vez estabilizada después de la conmoción bélica y social que constituyó la Revolución y superado el ambiente de ‘democratización’ con la instauración de una nueva corte, el espíritu burgués comienza a afianzarse tomando, entre otros referentes, el del lujo y la apariencia como signo de distinción y poder.

Una vez consolidado el poder de Napoleón Bonaparte, los primeros años del nuevo siglo ven desaparecer la sencillez y ligereza de la moda femenina correspondiente a la etapa del Directorio (1795-1799). El cónsul y posterior emperador deseaba verse rodeado de damas que no estuvieran ‘tan desnudas’ o poco vestidas, según la llamada ‘moda a la antigüedad clásica’ de los años anteriores. Manteniendo la misma línea, comienza a complejizarse los diseños: tejidos ricos, detalles suntuosos aparecen día a día en los atuendos femeninos, definiéndose poco a poco el nuevo estilo imperio.

Más allá de las razones estéticas o sociales, se encontraban las relacionadas con las políticas económicas del nuevo estado francés. Napoleón se había dedicado a reanimar la industria textil francesa, gravemente afectada durante los años de la Revolución. La mítica industria sedera de Lyon (cuya producción había sido prácticamente detenida desde 1793 con fábricas cerradas y telares destruidos) tenía que volver a ser rentable y para ello, la moda femenina debía de volver a demandar tejidos ‘ricos’ para la elaboración de sus trajes. La muselina era el tejido casi único (conjuntamente con los algodones) utilizado para la elaboración de los vestidos-túnicas propios del estilo Directorio…el gusto tenía que ser cambiado. La moda debía de tener un referente de mayor riqueza y elaboración en el atuendo de las damas. 

Y para ello, el emperador despliega un intenso plan de difusión de nuevos estilos. Napoleón se rodea de pintores y otros artistas a quienes les da la tarea de crear un nuevo ‘ambiente’ de lujo y ostentación. A la par que intenta prohibir la importación de los chales de la India, apoya la producción de encajes franceses, hace divulgar sus campañas militares para imponer estilos como turbantes y otros que hicieran referencias a los triunfos de las conquistas de su poderoso ejército…todo para el uso de la moda como propaganda política y reanimación económica.

Artistas como Jacques -Louis David, Louis- Philibert Debucourt, Jean -Baptiste Isabey y Auguste Garneray, entre otros, se convirtieron en decoradores de los fastuosos eventos, dibujantes de trajes o asesores ‘de estilo’ del nuevo emperador de Europa. Parte de ellos, como sastre estaba Louis- Hippolyte LeRoy.

Vestido de corte de la emperatriz Josefina, atribuido a LeRoy

Vestido de corte de la emperatriz Josefina, atribuido a LeRoy

Considerado un modisto, “milliner”, “marchand de modes” o comerciante de modas, LeRoy logró –gracias a la eliminación de las férreas ordenanzas de los gremios- tener su propio taller en la rue de Richelieu de París, desde donde vendía tejidos, chales, vestidos y accesorios. Hijo de un tramoyista de la Opera Paris, comenzó como aprendiz de barbero de la ópera para introducirse después en Versalles como peluquero eventual de la reina Maria Antonieta. Cuando Napoleón instaura su corte, su fama ya estaba consolidada, primero como peluquero y luego como sastre. 

Con la experiencia de potenciar el lujo durante los años en que trabajó para la corte de los Borbones, LeRoy es bien recibido como en el momento en que Napoleón considera que debe retomar la suntuosidad del ‘antiguo régimen’, a favor de propiciar el consumo en Francia. Así el sastre propone la vuelta a los tejidos lujosos, a los bordados, los encajes finos, asimismo se le atribuyen muchos de los tocados más fantasiosos de los primeros años del siglo XIX.

Sin embargo, ‘oficialmente’ LeRoy no era un creador, su tarea –lograda con gran habilidad- era reproducir los diseños de los que consideraban verdaderos creadores: artistas como Louis- Philibert Debucourt, Jean -Baptiste Isabey y Auguste Garneray, ilustradores de las revistas de moda de la época. Así ha quedado registrado cómo en la ceremonia de la coronación de Napoleón, acto dirigido a ser una perfecta exhibición de poder, además de contratar a Louis David y a los arquitectos Charles Percier y Pierre Fontaine para decorar el entorno, fue encargado a Jean Baptiste Isabey para diseñar el vestuario tanto de Josefina como de las damas de su corte. Su ‘realizador’: LeRoy.

Asociado para tal encomienda con la costurera Mdame Raimbault, se dice que el sastre –en esa y otras ocasiones- siempre variaba las modelos impuestos, cambiando tejidos o variando detalles, lograba darle el ‘sello’ personal a cada encargo de vestido, tocado o accesorio. Convertido en el sastre más codiciado para la realeza y la alta burguesía europea, LeRoy llegó a marcar un antes y un después en los hábitos de consumo: reunir en un solo local la venta de tejidos, vestidos y accesorios.

Factura de Leroy, en la que aparece el texto:"Marchande de modes de sa majesté l'impératrice", Maison Boutin, rue de la Loi (devenue rue de Richelieu) à Paris, 1807

Factura de Leroy, en la que aparece el texto:”Marchande de modes de sa majesté l’impératrice”, Maison Boutin, rue de la Loi (devenue rue de Richelieu) à Paris, 1807

El intento de su reconocimiento creativo no prosperó. Como él ninguno de los trabajadores y trabajadoras anónimas del arte de la costura, les era reconocida su labor creativa. No había surgido aún una institución que respaldara su actividad. Habría que esperar la ascensión definitiva de la burguesía al poder para que ello sucediera.

Más información en:

Consumers and Luxury: Consumer Culture in Europe 1650-1850. Maxine Berg,Helen Clifford, 1999.

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