LAS CASAS DE ALTA COSTURA – Inauguración de la era de la marca

Gaalería de venta. Casa Redfern. 1910-11

Gaalería de venta. Casa Redfern. 1910-11

“Haute Couture”, Alta Costura, Alta Moda, “High Dressmaking”, “High Fashion” ha sido definida como la creación de prendas de moda a la medida de cada cliente realizadas de forma artesanal, con materiales y tela de alta calidad y cuidados detalles. Al alcance de unos pocos e integrada al ‘prêt-à-porter’ en la década de 1980, desde sus orígenes hasta la actualidad, es una de las facetas del sistema moda que ha elevado la costura a la categoría de arte. Este hecho se enlaza con los propios orígenes del término, algo que sucede vinculado a la figura del diseñador, reconocido como creador y a su labor, como creación.

Sobre los orígenes de esa labor y sus centros de operaciones -‘las casas’- realizaremos esta publicación, contextualizando el origen de esta reconocida actividad relacionada con los oficios de la costura.

Cuando en 1789 la Asamblea Nacional en París acordó la eliminación de todo privilegio exclusivo en cuanto a vestimenta se requiere, se iniciaba la marcha irreversible hacia la democratización de la indumentaria. Atrás quedarían decretos y leyes suntuarias que desde la Edad Media impedían el acceso a determinadas prendas y materiales por las clases del Tercer Estado. Gracia a la Revolución Francesa, se difundió al mundo entero las ideas de esta democratización.

Como nación rectora en cuestiones de moda y al calor de la consigna “libertad, igualdad, fraternidad”, Francia propuso a la humanidad la eliminación total de los elementos vestimentarios que denotaran casta, rango o pureza de sangre. Este hecho – enmarcado dentro de un acontecimiento de trascendencia universal- constituyó una muestra más del alcance de la tradición vestimentaria francesa.

Pero no fue hasta mediados del nuevo siglo (XIX) cuando, una vez consolidada la nueva clase en el poder, se estableció la nueva moda burguesa, debido a la consolidación de la nueva clase en el poder y a los avances en las técnicas de la industria textil. El intenso desarrollo tecnológico, comercial y financiero, caracterizaron estos años en los que, con la “gran renuncia masculina” se entra en la era de la feminización del lujo. El poder político de la nueva clase era absoluto y sentía la necesidad de distinguirse y aislarse del resto de grupos sociales.

Es entonces cuando los miembros de la alta clase burguesa (y los que han podido mantener riqueza y títulos nobles), retoman la necesidad de utilizar la vestimenta como elemento diferenciador. Sin leyes para servir de apoyo, ni monarcas para implantar modas, buscan la manera de dirigir la moda “desde arriba”. Las condiciones estaban dadas para el reconocimiento, como creador, del que desde hacía siglos era un profesional de la moda.

Baile en la corte de Napoleón III

Baile en la corte de Napoleón III

El momento: cuando la moda femenina alcanza unos de los momentos de mayor esplendor y lujo: el Segundo Imperio, llamado también neo-rococó. El ambiente mundano de la alta burguesía francesa tenía un contexto adecuado: la corte de Napoleón III y una modelo protagonista: la emperatriz Eugenia de Montijo.

El primero: Charles Frederick Worth. (1825-1895). Fue quien dio el primer paso para el establecimiento de un nuevo concepto en la moda: la moda creada, diseñada, en fin, “dirigida” y controlada. Tuvo la iniciativa de diseñar y confeccionar vestidos y presentarlos ante sus clientas en el cuerpo de su esposa y costureras. Este hecho, marcaría el inicio de la costura-creación y las maniquíes de moda y con ello, un nuevo concepto de moda como arte, como creación. Worth inauguraría la era del modisto (hombre) como “dictador” de los cambios en el vestir.

La palabra modisto se creó especialmente para calificar a Worth, que consiguió unir la técnica inglesa del corte con el derroche de elegancia propio de los franceses. Debió gran parte de su fama a dos emperatrices de la época: Isabel de Austria y Eugenia, la esposa de Napoleón III. Ambas se hicieron retratar para la posteridad luciendo diseños en seda y tul bordados en oro de Worth.

Gilles Lipovetsky, en su trabajo “El lujo eterno”, comenta:”En la segunda mitad del siglo XIX, Charles Frederick Worth pone los cimientos de la misma (se refiere a la alta-costura) al crear una industria de lujo consagrada a la creación de modelos frecuentemente renovados y fabricados a la medida de cada cliente. La ruptura con el pasado es clara. Dado que los modelos son creados al margen de toda demanda particular, el gran modisto aparece como un creador libre e independiente. Estaba a las órdenes de otros, pero ahora impone de manera soberana sus modelos y sus gustos a las clientas, metamorfoseadas en consumidoras a las que se les ha arrebatado el derecho real de fiscalización. La era moderna del lujo ve triunfar al modisto liberado de su antigua subordinación a la clienta, y que afirma su nuevo poder para dirigir moda. La edad de oro del modisto demiurgo (Dios Creador) ha llegado, y durará cien años.” (Editorial Anagrama, S.A. Barcelona, 2004. pág. 46-47).

Charles Frederic Worth

Charles Frederic Worth

A partir de ese momento, se comienzan a abrir casas de costura, primero en París y poco a poco en capitales como Londres, Viena y New York. Doucet, Paquin, Redfern, las hermanas Callot…son algunos de los nombres que instalarán sus firmas en grandes ‘casas’ decoradas con lujo y esmero, donde atendían a sus clientes y en cuyo ‘salón’ mostraban sus creaciones. Se consolida así, un nuevo sistema tanto de regulación de la moda como de significado de la misma: de artesano anónimo a modisto como artista sublime que goza de notoriedad y renombre. El universo del lujo será asociado a un nombre, a una individualidad excepcional, a una casa comercial de notable prestigio.

Salón de moda de principios del siglo XX

Salón de moda de principios del siglo XX

 

Salón de ventas de la casa Paquin

Salón de ventas de la casa Paquin

 

Salón de ventas de la casa Doucet

Salón de ventas de la casa Doucet

 

Salón de peletería de la casa Redfern

Salón de peletería de la casa Redfern

La riqueza del producto en sí misma (como los trajes del Renacimiento con materiales suntuosos y de gran valor) se sustituye por el aura del nombre de quien la produjo.

Es la inauguración de la era de la magia de la marca.

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