HISTORIA DEL BOTÓN

Botones de la antiguedad. Cerámica y piedra

Botones de la antiguedad. Cerámica y piedra

(Extracto del artículo publicado por Diana Fdez. en “Revista de Arqueología del siglo XXI”, Año XXX, Nº 334 págs. 50-55.

Desde los botones en piedras preciosas de los jubones del siglo XIV hasta los que Karl Lagerfeld ha utilizado en sus colecciones al frente de la casa Chanel para marcar estilo como referencia a la clásica chaqueta de tweed con ribetes, esta pieza complementaria del traje ha desempeñado, a la par, funciones decorativas y utilitarias. ¿En qué momento aparece este pequeño elemento dentro del vestir? ¿Su origen está vinculado a otros adornos como collares, anillos o pendientes? ¿Cuál es la verdadera función de esta pieza tan común en la vestimenta actual?

Tal como hemos expresado en anteriores artículos, la mayoría de los expertos coinciden en afirmar que el hombre, desde los tiempos más remotos, incluso antes que cubrirse el cuerpo, se adornaba. El hombre primitivo pasó del uso de decoraciones corporales a crear piezas externas con la cuales embellecería su cuerpo. Con ello, se abrieron vastos horizontes de evolución que no han llegado a agotarse y propició el despertar del sentido estético del ser humano. Caracoles, dientes de animales, marfil, ámbar, ágata, turquesa y cristal de roca fueron los primeros materiales utilizados para esos adornos.

Pero el origen del adorno primitivo también estuvo relacionado con un sentido simbólico, de carácter mágico, como trofeo o talismán. Al crear collares con dientes del animal cazado, el hombre primitivo pensaba garantizar la suerte de futuras cacerías. Parte de este carácter mágico trascendió al nacimiento del adorno y aún en la Edad Media, dentro de la Europa cristianizada, al uso de ciertas piedras preciosas se le otorgaba diversas propiedades: el diamante garantizaría protección contra el veneno, piezas de rubí otorgaban a su portador paz de espíritu, objetos que llevaran zafiro brindarían felicidad, con esmeralda, alegría, y utilizar la calcedonia fortalecía los músculos.

3. Botón de RomaSe tiene conocimiento de que los primeros botones eran utilizados desde la antigüedad, no con el sentido funcional con el que hoy los identificamos, sino a modo de joya, cosidos sobre la ropa o sobre otros accesorios. Los más antiguos botones decorativos datan de 2.000 años a.C. y fueron hallados en excavaciones arqueológicas efectuadas en el valle del Indo. Consistían en conchas de diversos moluscos talladas en formas circulares y triangulares y perforadas con agujeros para coserlas a las prendas de vestir.

Su uso continuó en las civilizaciones de la antigüedad, sobre todo en las regiones cuya vestimenta era a base de paños colgantes: griegos y romanos sujetaban sus túnicas con las fíbulas (especie de alfiler o broche cuyo uso se conoce desde el siglo XV a.C.), a las cuales, en ocasiones, añadían botones elaborados en marfil, hueso, gemas incrustadas o revestidos en oro. Con ello, el botón cumplía otra de las funciones de la vestimenta desde sus orígenes: la de clasificación o diferenciación social.

Pero no fue hasta el siglo XIII cuando el botón adquiere utilidad, otorgándole el uso que ha mantenido hasta la actualidad y ello se debió al cambio que se produjo en la vestimenta masculina en Europa. Este cambio condujo al abandono del uso de la túnica -llevada a lo largo de las civilizaciones antiguas y en la Alta Edad Media- y su sustitución por prendas estrechas y cosidas. Con ello, las nuevas vestimentas ajustadas impedían el paso de las mismas a través de la cabeza y se hizo necesario que se efectuaran aberturas a las diversas piezas que -debiendo ser cerradas y estrechas- eran unidas por lazos y, luego, por botones.

 1480. Hans Memling. Tríptico de Adriaan de Reins. Detalle. Modo de ajustar las prendas femeninas antes de que el uso del botón se generalice

1480. Hans Memling. Tríptico de Adriaan de Reins. Detalle. Modo de ajustar las prendas femeninas antes de que el uso del botón se generalice

Pourpoint de Charles de Blois, 1364

Pourpoint de Charles de Blois, 1364

Es en este momento cuando se define también una convención en cuanto al cierre de los botones por ambos sexos: las prendas femeninas se abotonan de derecha a izquierda y las masculinas a la inversa. Existen varias teorías al respecto, pero la más aceptada es que la mujer solía colocar al niño de pecho sobre el brazo izquierdo, dejando el derecho libre para poder abrir con facilidad el corpiño y así, alimentar al bebé. El hombre debía tener también el brazo derecho libre, pero para utilizar la espada y, si necesitaba desabotonarse alguna prenda, debía hacerlo con la izquierda.

La utilización práctica del botón, con lo cual se define verdaderamente este pequeño elemento o complemento del traje, fue posible gracias a la introducción en Occidente del ojal. Hasta que no apareciera éste, el botón había sido utilizado, como señalamos anteriormente, como adorno o complemento de otros tipos de cierres, como el de las fíbulas o broches primitivos. El ojal es conocido en Occidente, según algunos historiadores, gracias al contacto con el Oriente a través de los cruzados, otros afirman que ya se conocía desde finales del siglo XII.

Ya fuera por una u otra vía, el uso práctico del botón se extienda rápidamente por la Europa de finales de la Edad Media y a mediados del siglo XIII aparece, dentro del catálogo de especialidades artesanales agrupadas en gremios, la del “realizador de botones” (dato que ha llegado a través de las ordenanzas gremiales de París de 1250).

 Coleto original. Siglo XVI

Coleto original. Siglo XVI

La aplicación del carácter utilitario al botón no detuvo su uso decorativo, sino todo lo contrario, a partir de ese momento se inició una carrera imparable en su valor como adorno. Aparecieron en gran número en prendas no solamente con cierre general de las mismas, sino también para ajustar mangas y otras partes de la indumentaria, cosiéndose muy unidos entre sí, de manera que un jubón masculino podía disponer de más de 50 botones para su cierre y un vestido femenino hasta 200.

1550. Antonio Moro. El príncipe Felipe de España.Bilbao. Museo de Bellas Artes

1550. Antonio Moro. El príncipe Felipe de España.Bilbao. Museo de Bellas Artes

Y si la cantidad llamaba la atención no menos lo hacía la calidad. Las escrituras reales han dejado constancia de los gastos que los monarcas y cortesanos realizaban en el culto de la apariencia y, sobre los botones, abundan los datos. En 1520, Francisco I, rey de Francia, encargó a sus joyeros 13.400 botones de oro para ser cosidos a un traje de terciopelo negro y su nieto Enrique III se mandó a hacer, en 1583, 18 docenas de grandes botones de plata con forma de calavera. Famoso por prestar especial atención a su atuendo, Luis XIV, en 1684, poseía 104 botones de diamantes y en ese mismo año hizo partir un diamante de 52 quilates para hacerse dos botones. Dos años después, el joyero de la corte recibió el encargo de confeccionar 48 botones y 90 presillas para un chaleco del rey y para ello empleó 816 piedras de color y 1.824 diamantes.

Los botones fueron utilizados para casi todas las prendas: camisas, casacas, calzones…hasta los guantes tenían botones con la excusa de que debían de ajustarse bien a las muñecas; algunos cortesanos usaban también pañuelos con botones…Mientras más se ajustaba la vestimenta al cuerpo, más botones aparecían sobre ellas, convirtiendo a esta parte de la indumentaria en verdaderas obras de arte realizadas por orfebres, creadores de auténticas joyas con innumerables diseños y sobre los más variado materiales preciosos. La tendencia creciente de la moda cortesana por lograr que el traje adquiriera un valor en sí mismo, hizo que en la vestimenta de las clases pudientes de los siglos XVI y XVII distribuyera sobre la tela innumerables joyas de incalculable valor: oro, plata, piedras preciosas estaban presentes tanto en los incrustados como en las conocidas puntas que adornaban los vestidos femeninos y, por supuesto, en los botones llevados por ambos sexos.

1537. Hans Holbein. Enrique VIII. Detalle. Galería Nacional de Arte Antiguo (Roma)

1537. Hans Holbein. Enrique VIII. Detalle. Galería Nacional de Arte Antiguo (Roma)

1579. Sánchez Coello. La infanta Isabel Clara Eugenia.

1579. Sánchez Coello. La infanta Isabel Clara Eugenia.

1724. Miguel Jacinto Meléndez. Luis I

1724. Miguel Jacinto Meléndez. Luis I

Resulta curioso conocer que ante la ausencia del capital suficiente para lucir botones de piedras preciosas auténticas, y presionados por la tiranía de la moda, se usaron también botones con piedras falsas. Se tienen referencias que, desde la Edad Media, muchos recurrían al empleo de imitaciones, adquiriendo el comercio de éstas, bastante importancia. En 1758, el joyero alemán Joseph Strasser, encontró la fórmula para lograr una imitación casi perfecta de las piedras preciosas. Su nombre ha llegado hasta nuestros días para designar esta clase de piedras falsas que, por otra parte, fueron acogidas con entusiasmo por el público y llevadas, incluso, por cortesanos de renombre.

El Bello Brummell. A pesar de la sobriedad propuesta por el "árbrito de elegancia" del hombre burgués, los botones grandes del frac se destaca.

El Bello Brummell. A pesar de la sobriedad propuesta por el “árbrito de elegancia” del hombre burgués, los botones grandes del frac se destaca.

A finales del siglo XVIII comienza a destacarse dentro del mundo de la apariencia el estilo inglés. Esta corriente del vestir de la cada vez mas fuerte burguesía británica era, en esencia, más práctica, menos opulenta y ostentosa. Dentro del país que pronto sería el más industrializado del mundo, aparece la fabricación seriada del botón, aplicando en su elaboración nuevos materiales: hueso, metales moldeables como el acero, propiciando con ello que este objeto pudiera ser más asequible para las clases con menos poder adquisitivo. Los diseños de estos botones de “estilo burgués” no renunciaron a la decoración pero, a diferencia de los franceses, los temas eran de inspiración rural, basados en la naturaleza, tal como lo demandaba la tendencia estética derivada de la Ilustración.

La presencia del botón en la indumentaria actual ha mantenido, en algunos casos, el carácter simbólico y la tradición heredados de la historia de este elemento. Lo que en un inicio tuvo un sentido utilitario se ha mantenido como ornamento sin alguna referencia a sus orígenes. Así sucede con los dos botones que ha mantenido el frac en la parte baja de la espalda, utilizados en los siglos XVII y XVIII para recoger los faldones de las largas casacas y así facilitar la monta; los uniformes militares no se conciben sin la presencia destacada de ellos, como símbolo de poder y ostentosa dignidad, como legado de las largas chaquetas de la moda barroca; con el auge de las firmas y marcas de moda, suelen utilizarse los botones como emblemas de la creación o pertenencia al nombre de un determinado creador o casa de costura.

Collección primavera- verano 2013 Casas Chanel-Lagesfeld fotos karl lagerfeld

Colección primavera- verano 2013 Casas Chanel-Lagesfeld. Fotos: Karl Lagerfeld

El botón, ya sea como adorno o como elemento funcional, continuará siendo parte inseparable de la vestimenta. Ni cremalleras ni otros novedosos sistemas de cierre limitarán su uso ya que emblema y utilidad se unen en ese diminuto elemento que ha sido, durante siglos, parte del acto cotidiano que realizamos al vestirnos cada día…

Bibliografía:
Boehn, Max Von. La Moda. 8 tomos. Ed.Salvat, Barcelona, 1928
Flügel, J.C. Psicología del vestido. Ed. Paidós, Buenos Aires, 1964

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