LA CARICATURA en la HISTORIA DEL TRAJE y la MODA. UNA ESCENA… UNA MODA

En otras ocasiones nos hemos referido cómo, gracias a las caricaturas, han quedado referencias -poco recogidas en otra documentación visual- de cada época. Los retratos, asumidos con la seriedad requerida como legados propagandísticos de castas y poderes políticos o económicos, al no alterar lo ‘políticamente correcto’, entraban todos en ‘normas’ uniformadas en cuanto a: posturas, actitudes y vestimenta, según los estilos artísticos generales y la personalidad creativa de cada pintor. La codificación de los aspectos que rodeaban a los retratos, impiden conocer detalles no comunes de la vestimenta por lo riguroso del cumplimiento del artista de esa obra por encargo.

Algo similar sucede con otra de las fuentes visuales sobre la vestimenta de épocas pasadas: los figurines de las revistas. Igualmente sometidos a los códigos establecidos, no debían tampoco excederse en diseños imaginativos, sino mantenerse dentro del estilo ya ‘normado’ de la moda ‘aceptada’.

Es por ello que, antes de surgir la fotografía, gracias a los grabados de corte satírico o las caricaturas, han llegado a nosotros aspectos poco reflejados en las citadas fuentes como: vestimenta popular, ropa interior, o detalles de prendas o comportamiento de los grupos o situaciones a través de los personajes ‘criticados’.

Una sola imagen merece hoy esta publicación. Se trata del grabado titulado: “Lady Godina’s rout; – or – Peeping-Tom spying out Pope-Joan”. Creado por James Gillray y publicada el 12 de marzo de 1796 por Hannah Humphrey, este grabado coloreado a mano, se conserva en la National Portrait Gallery de Londres.

James Gillray (1757 –1815) fue un caricaturista y grabador británico, famoso por sus aguafuertes basados en sátiras políticas y sociales, publicados principalmente entre 1792 y 1810. Entre sus caricaturas más recordadas están las dedicadas a Jorge III y a Napoleón I. El nombre de Hannah Humphrey está asociado muy estrechamente con la obra de Gillray, al ser la editora y vendedora de sus grabados.

Según los datos del registro del grabado “Lady Godina’s rout; – or – Peeping-Tom spying out Pope-Joan”, James Gillray caricaturizó a la conocida aristócrata Lady Georgiana Gordon (1781–1853), duquesa de Bedford, desde 1803 hasta su muerte y a un selecto grupo de la sociedad británica de finales del siglo XVIII. Todos comparten una sesión de juego de cartas denominado “Pope-Joan”.

“Lady Godina's rout; - or - Peeping-Tom spying out Pope-Joan”. Creado por James Gillray y publicada el 12 de marzo de 1796 por Hannah Humphrey

“Lady Godina’s rout; – or – Peeping-Tom spying out Pope-Joan”. Creado por James Gillray y publicada el 12 de marzo de 1796 por Hannah Humphrey

Situada en el primer plano del grabado, Lady Godina sostiene en su mano una baraja de 9 de diamantes, identificada como “Pope” en dicho juego. Otros personajes identificados son: Albinia, condesa de Buckinghamshire, de la cual abundan caricaturas por su afición desmedida al juego de cartas (de espaldas, a la izquierda de la duquesa) y John Sneyd, el hombre sentado en la otra mesa, a la derecha.

La vestimenta de las mujeres refleja los años en que comienza a definirse en París lo que se conoce como “moda a la antigüedad clásica” caracterizada por la vuelta al estilo clásico recordando la transparencias de las túnicas de Grecia y Roma. Pero aún en Inglaterra, el estilo se acompañaba de los altos tocados con plumas algo que las ‘maravillosas’ parisinas ya habían comenzado a eliminar de su atuendo como parte del exceso de sencillez propio de la “moda al desnudo”.

Ambos aspectos son satirizados por el artista: la exageración en los escotes deja a la vista los pechos femeninos, aprovechado esto por el sirviente que, de pié, observa el escote de la duquesa. En los tocados abundan los de tela, a modo de turbante, según el estilo de la época con las altas plumas coloridas.

Pero lo que más sorprende de este grabado es encontrar a una de las damas con el peinado “a lo Titus”, el cual constituyó un hito en la historia de la imagen femenina al ser adoptado por alguna audaces mujeres en la época postrevolucionaria. Imitando la estética capilar de algunos jóvenes -‘increíbles’ o seguidores del estilo clásico- imitan los cortes reflejados en la estatuaria romana y se cortan el cabello bastante bajo ondeado, rizado o alborotado (peinado erizo). En la mesa de la derecha, se observa a una dama claramente con el pelo corto algo que pocas mujeres se atrevieron a llevar.

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