EL LUJO DEL TRAJE CORTESANO DE LOS SIGLOS XVI Y XVII

Retomamos y ampliamos esta publicación, de marzo de 2012, por disponer de imágenes de mayor calidad para ilustrarlo.

Desde finales de siglo XV y a lo largo del XVI, debido a varios factores, que podrían resumirse en: la consolidación de las cortes, el desarrollo técnico y comercial, el crecimiento de las grandes ciudades, la afluencia de metales preciosos provenientes de América, sin olvidarnos del orgullo de la hermosura física -derivado del arte del Renacimiento y de los ideales del humanismo- que encontró en la vestimenta un medio idóneo para su proyección…entran a formar parte de la construcción del vestido los materiales suntuosos, los tejidos bordados o brocados, los géneros enjoyados….

A pesar de que esto sucede a partir del siglo XV, es en la vestimenta de las altas clases del siguiente siglo la que hace afirmar que: el traje del siglo XVI constituye la mayor muestra de la ornamentación y el lujo jamás llevada sobre el cuerpo del hombre.

1603.Frans Pourbus, el joven. María Magdalena de Austria (detalle)

1603.Frans Pourbus, el joven. María Magdalena de Austria (detalle)

En todos los países de Europa se ve estallar ese lujo, no sólo en la indumentaria de los cortesanos, sino también en la de los burgueses. Y los textiles y su tratamiento juegan un importante papel en ello.Como continuidad de un proceso que se inicia en el período anterior, producto de la aparición de la moda en el vestir en su etapa artesanal y aristocrática, el adorno y la riqueza de las materias encuentra en los siglos XV y XVII su mayor apogeo. No solamente los géneros ricos como la seda en sus más elaboradas variantes (brocado, damasco, terciopelo labrado, entre otras) eran utilizados para la construcción de los trajes, sino que éstos eran profusamente incrustados con piedras preciosas, adquiriendo los conjuntos femeninos y masculinos un aspecto de lujo y ostentación. “…las damas cubríanse mangas y vestidos con botoncitos, figurillas, adornos y garambainas de oro (…). (Max Von Boehn. La Moda. Tomo III. Pág. 203).

Sin duda, el tejido estrella era la seda. Los principales centros productores de tejidos de seda eran: Italia (Lucca, Florencia-con más de 80 talleres a mediados del siglo XIV, Siena, Génova, Venecia o Milán) y España (Valencia famosa por la seda morisca, y en Granada).

La seda reportaba altos beneficios económicos a sus productores y comerciantes. Su uso extendido se debía ser el tejido más lujoso de todo, debido a su alto coste, por la brillantez adquirida al ser teñido, convirtiéndose en símbolo de status social y poder económico.

Otro factor que hace de la seda ser uno de los tejidos más codiciados es la gran variedad de sus derivados: terciopelo, damasco, brocado, raso así como las posibilidades de ser decorado a través de diversas técnicas (bordados, incrustados). En el siglo XVI se le agregan hilos de oro a los tejidos de seda (técnica muy extendida en España con la invasión árabe).

1611. Pourbus, Frans el joven. María de Médicis (detalle)

1611. Pourbus, Frans el joven. María de Médicis (detalle)


Pero no solamente la seda –labrada, brocada y teñida con los tintes más novedosos- brindaba el status deseado, en la competencia dentro del ámbito de la apariencia y gracias a la concentración del poder y dinero en las cortes, la seda debía ser también incrustada. Perlas, rubíes, esmeraldas…oro, plata…abundaban en cada centímetro de tejido que cubría el cuerpo de los cortesanos y miembros de la alta burguesía, cada vez más enriquecida. 

1588. George Gower. Isabel I de Inglaterra. Retrato de la armada (detalle)

1588. George Gower. Isabel I de Inglaterra. Retrato de la armada (detalle)

1550. William Scrots. Eduardo VI de Inglaterra (detalle)

1550. William Scrots. Eduardo VI de Inglaterra (detalle)

En la sucesión del archiduque Fernando y su mujer Felipa Welser se pudieron contar hasta unas dos mil rosas de oro, esmaltadas o adornadas con perlas, zafiros, rubíes y diamantes. El peso y la rigidez que tanta ornamentación le proporcionaba al traje, queda de manifiesto en la anécdota sobre una famosa favorita de el soberano Enrique IV, la cual asistió a un bautizo con un traje de raso negro “…tan recubierto de perlas y piedras preciosas que, una vez que Gabriela se sentaba, ya no podía levantarse sin auxilio ajeno.” (Max Von Boehn. La Moda. Tomo III, pág. 203).

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