EL TRAJE HOLANDÉS DEL SIGLO XVII. La reforma en el pensamiento y la vestimenta.

1657. Anthonie Palamedesz. Retrato de un caballero.

1657. Anthonie Palamedesz. Retrato de un caballero.

En las últimas publicaciones sobre Historia del Traje (a excepción de la dedicada a la vestimenta de los sectores humildes) nos hemos detenido en la moda cortesana, apreciando el lujo y esplendor que caracterizaba la vestimenta en los siglos XVI y XVII. No queda duda que era ese estilo cortesano el quetodos querían imitar, debido al poder alcanzado por los representantes de las casas reales más poderosas del mundo. Y en ello, el modelo político de las monarquías absolutas jugó un papel esencial.

La institución real y al personaje que la encarnaba se convirtieron en los paradigmas de deseo. El Rey era el representante de la autoridad divina al que se le deben rendir homenajes especiales que no se les rinden a los demás hombres. Se produce una absorción de elementos del ritual litúrgico por la monarquía, que fomenta la exteriorización de las emociones en torno suyo. Es la época de las grandes festividades, coronaciones, nacimientos, bodas y sepelios de la familia real, mostrándose el máximo de suntuosidad, con el objetivo de deslumbrar con la fastuosidad, justificándose los gastos necesarios como razón de estado.

Pero en un lugar opuesto dentro de la estructura de estado y, por tanto, en los modos y maneras, se encontraba otro mundo, no tan distante geográficamente pero sí en cuanto a su política, sociedad y pensamiento. Nos referimos a los Países Bajos.

Para entender la vestimenta de esta región, se debe resumir la realidad del entorno en el cual aparece una nueva manera de vestir, la cual se consolidad en el siglo XVII, años en que Europa se encontraba sumida en una crisis económica general. Ya en la primera mitad del siglo aparecen serios problemas demográficos: cruentas epidemias, entre las que destacan las de peste, se repitieron periódicamente, coincidiendo con épocas de carestía y hambre. La crisis económica afectó, sobre todo, a los países mediterráneos, quienes dejaron de ser el centro de desarrollo económico: Italia, España y Portugal ingresaron en un gran período de decadencia.

La única nación que no solamente escapa a esta crisis sino que entra en su etapa de esplendor es la que constituía los llamados Países Bajos. El siglo XVII es conocido como la etapa de Hegemonía neerlandesa del siglo XVII, o Edad de Oro neerlandesa, período en el que esta región se transformó en una potencia de Europa. Su política económica: el mercantilismo – «vender mucho y comprar poco»-, y fomentar el comercio. La principal fuente de riqueza la constituía la Banca, a la que afluían los enormes capitales sobrantes del comercio exterior.

Pero si importancia tuvo en el contexto la economía y sistema político, mucho más la tuvo la ideología y, su principal manifestación, la religión cuya corriente generalizada en Holanda en el siglo XVII era el calvinismo.

El calvinismo poseía un enfoque de la vida cristiana distante del catolicismo y como vertiente del Cristianismo Protestante era en su inicio sólo una más de las diversas corrientes protestantes existentes en Holanda. Pero pronto se generaliza por ser un pensamiento que se adaptaba a la perfección a la realidad política y social del siglo XVI en los Países Bajos.

Por otro lado, desde Inglaterra comienzan a llegar a Holanda otra facción del protestantismo, en este caso, de corte más radical: el puritanismo. Con la intención de purificar su iglesia nacional mediante la eliminación de cada fragmento de la influencia católica, la Revolución Puritana, de confesión calvinista, surgió en el siglo XVI en Inglaterra como rechazo tanto a la Iglesia Católica como a la Iglesia Anglicana.

La persecución de los puritanos y otras sectas derivadas de la reforma, propició que muchos emigraran hacia los Países Bajos, cuyas autoridades los recibieron con agrado, abriendo sus fronteras a todos aquellos que podían dar beneficios, incluido el mundo de la cultura. Llegaron pensadores importantes como Spinoza, Descartes y John Locke. Así se convierte esta próspera nación en un lugar de acogida para corrientes religiosas perseguidas como eran los hugonotes, los jansenitas, los puritanos ingleses, entre otros.

En la doctrina de la mayoría de estas confesiones existían muchos puntos en común, entre los cuales se destacan aquellos que afectarán a su modo de vida y, por tanto, a la apariencia: austeridad, la convicción de que el trabajo forma parte de la virtud moral, y que el éxito en los negocios es una evidencia de la gracia divina. El rechazo hacia el despilfarro, la crítica a la extrema fastuosidad de la liturgia cristiana católica, pasa a la vestimenta, marcando un modo de vestir con ausencia de lujo tanto en los materiales como en su decoración.

Es así como podemos comprender la difusión de un estilo vestimentario que se generaliza en muchos de los habitantes de Holanda durante la época, años en que el mundo entero estaba fascinado por las sedas labradas, los terciopelos bordados, las joyas y el colorido propios de la moda cortesana pautada desde Francia.

A pesar de que no todos los holandeses rechazaron el uso del color en sus atuendos, la mayoría de ellos, sobre todo, sus representantes de la política y economía, sí lo hicieron. Burgomaestres, magistrados municipales y, sobre todo, los ‘regentes’ al frente de asociaciones, gremios o fundaciones culturales o financieras, a pesar de ser parte de una elite acomodada, preferían vestirse a base de paño negro y lino blanco.

1622. Werner Jacobsz. van den Valckert. Cinco regentes de Groot-Kramergild..

1622. Werner Jacobsz. van den Valckert. Cinco regentes de Groot-Kramergild..

1663. BRAY, Jan de Bray. Los regentes del orfanato de Haarlem

1663. BRAY, Jan de Bray. Los regentes del orfanato de Haarlem

La ausencia de color, y más aún, la presencia del negro, se extenderá con un nuevo significado. Hasta el siglo XVII este ‘no color’ había encarnado otra connotación: vestir de negro era símbolo de elegancia en la corte de Borgoña en el siglo XV, idea que fue trasladada a España por Carlos V y asumida por Felipe II quien pronto lo estableciera como color de la corte católica española.

Es en el XVII cuando es asociado a una ideología opuesta, gracias a los “cabezas redondas” o “cabezas rapadas” de Crowmwell, con sus vestiduras negras, los cuales promovía que con el negro se administraba la ortodoxia religiosa anticatólica. ¿España católica con el color negro como emblema y los puritanos protestantes como su distintivo?…

Ello se debe a que el negro es uno de los colores que representa ideas opuestas: autoridad y humildad, rebelión y conformidad, riqueza y pobreza… Pero también significa ausencia, elegancia, poder, misterio, mal, tradición y tristeza. Pero, sobre todo, en su vertiente más religiosa, es el color de la condena, pero también de la renuncia a la vanidad. Y con este significado es que puritanos y calvinistas lo hacen suyo y no en cualquier material, en aquel que mejor absorbe la tintura negra: la lana, tejido en cuya producción se destacaba los Países Bajos, conjuntamente con el lino. Ambos materiales serán los básicos para la vestimenta de los extremistas de las religiones reformadas.

Todo ello podemos observarlo en la amplia variedad del retrato de la pintura neerlandesa del siglo XVII. Artistas como Jan de Bray, Frans Hals, Antonie Palamedesz y, por supuesto, Rembrandt realizaron obras de individuos o de grupo, estas últimas como reflejo de la estructura social de Holanda, más ‘horizontal’ que vertical. Regentes de “guildas” (corporación de mercaderes o comerciantes) o de fundaciones caritativas, grupos de médicos, de pintores, aparecen en cuadros de gran formato mostrando sus negros ropajes con cuellos y puños inmaculadamente blancos.

1665. Ferdinand Boñ. Gobernantes del gremio de mercaderes de vino.

1665. Ferdinand Boñ. Gobernantes del gremio de mercaderes de vino.

1663. Jan de Bray. El impresor de Haarlem Abraham Casteleyn y su esposa Margarieta van Bancken.

1663. Jan de Bray. El impresor de Haarlem Abraham Casteleyn y su esposa Margarieta van Bancken.

1664. Frans Hals. Rectoras de asilo de ancianas de Haarlem.

1664. Frans Hals. Rectoras de asilo de ancianas de Haarlem.

Pero también en sus obras aparecen familias dentro de sus espaciosas casas y aunque la ética imperante recomendaba que se reflejara austeridad y humildad, los salones retratados y en ocasiones la riqueza de los encajes, delataban un gusto innegable hacia ciertos lujos, aunque éstos aún fueran distantes de los derrochados por los cortesanos del resto de Europa.

1633. Pieter Codde. Caballeros y damas

1633. Pieter Codde. Caballeros y damas

1666.  Eglon Hendrick van der Neer. Mujer y hombres en la habitación

1666. Eglon Hendrick van der Neer. Mujer y hombres en la habitación

1668. Ferdinand Bol. Tres regentas del leprosario de Amsterdam

1668. Regentas en sesión de té.

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