PERSONALIDADES DE LA MODA .Nicolas de Largilliere

Y de nuevo, los pintores…No puedo dejar de hacerlo pues cada día valoro más su legado, no solamente al arte universal, sino, en muchos casos, al estudio e investigación sobre la Historia del Traje.

Esta importancia, es más evidente en las etapas en que la moda emanaba desde los salones aristocráticos y, a pesar que la literatura y algunas piezas originales permiten al estudioso recabar información, no queda duda de que el detalle que brindaron algunos retratistas, constituyen la principal vía de apropiarse de la visualidad y predominio estética de cada uno de esos momentos históricos.

En esta ocasión, dedico los apuntes a uno de los pintores que nos ha dejado importantes imágenes sobre una de las etapas más destacadas de la evolución de la moda en su etapa aristocrática: el paso de la moda versallesca, promovida desde la corte francesa, con el riguroso control de su rey Luis XIV (1643-1715) a la correspondiente a las primeras décadas del siglo XVIII. Momento en que desde la moda cortesana comienza a promoverse un ideal de belleza en rostro y cabello, denominado como “estética de la vejez”.

Nicolas de Largillière (1656 – 1746), nacido en París, es considerado como pintor clasicista. Con tres años se trasladó a Amberes con su padre, donde desarrolló su formación y posteriormente, a los 18 años, vivió una temporada en Londres contratado por el retratista inglés Peter Lely, donde afianzó su técnica como pintor.

Estando en esa ciudad, su pintura llamó la atención del rey de Inglaterra, Carlos II, quien lo reclama para que estuviera a su servicio, pero las tensiones religiosas de la corona hacia los católicos impulsan a que Largilliere retornara a París.

Con su formación flamenca y posterior práctica en Inglaterra, pronto en Francia le es reconocida su reputación como retratista: el uso de colores brillantes, su capacidad para retratar los efectos de la luz sobre los materiales, caracterizaron el buen hacer de este pintor. Realizó obras por encargo de históricos, religiosos, paisajes, bodegones y en el año 1686, Largilliere produjo un retrato del pintor Charles Le Brun para la admisión a la Academia Francesa. Le Brun, impresionado por el retrato de Largilliere, le aceptó a la academia.

En 1690, Largilliere fue documentada por la Academia Francesa como pintor histórico, que fue una corriente artística de la alta sociedad de la academia.

A pesar de que su actividad como retratista tenía el veto de Hyacinthe Rigaud, pintor de moda de la alta sociedad y de la corte francesa, en 1709, Largilliere logró que le encargaran un retrato, dando como resultado esa conocida obra en la que aparecen: Louis XIV, Madame de Ventadour, el Duque de Bretaña, Luis, el Gran Delfín y Luis, Duque de Borgoña, el futuro delfín. Con ello, comenzaría a realizar retratos por encargo de otros cortesanos y miembros de la alta burguesía francesa y de otras naciones, así como algunos realizados a su propia familia.

Louis XIV, Madame de Ventadour, el Duque de Bretaña, Luis, el Gran Delfín y Luis, Duque de Borgoña

1710. Nicolas de Largillière. Luis XIV y sus herederos

He seleccionado para la publicación, algunos de los retratos de personajes femeninos y solamente uno masculino. En los dedicados a las damas, se puede advertir la riqueza de los tejidos (algo habitual y requerido a los pintores cortesanos) y también la ya extendida estética de la vejez., Largilliere pintó a varios nobles, en los cuales se evidenciaba ese gusto de marcar la palidez en el rostro y el cabello encanecido.

1711. Largilliere. Jeanne Elisabeth de Beauharnais

1711. Largilliere. Jeanne Elisabeth de Beauharnais

1730's. Largillière . Retrato de Marguerite de Sève

1730’s. Largillière . Retrato de Marguerite de Sève

1714. Largilliere. Una dama

1714. Largilliere. Una dama

1730. Largillière. Retrato de un joven noble

1730. Largillière. Retrato de un joven noble

En muchas ocasiones nos han preguntado la razón que llevara a cortesanos y cortesanas a asumir esa tendencia de estética de rostro y de cabellos y nos sentimos incapaces de ofrecer una respuesta…¿un ‘guiño’ a la sabiduría propia de la ilustración?…¿una intensión de alejarse de la evolución natural del ser humano hacia la vejez?…Nunca lo sabremos…pero la realidad es que mujeres, hombre y adolescentes, se vieron obligados a empalidecer rostro y cabellos con polvos de harina de arroz…¡mientras cientos de personas moría de hambre en los campos por no poder pagar el tributo a los señores dueños de todas las tierras!…

El proceso para lograr tal estética no era fácil: había que iniciar el ritual espolvoreando el cabello (o peluca) y luego, el rostro…Pero lo peculiar de esa tendencia de la estética facial, se destacaba, dentro de la palidez del rostro, unos cachetes sonrojados y una boca pintada con rojo…todo ello, lo retrato nuestro ‘invitado’ de hoy.

 

Largilliere Retrato de  Elisabeth Marguerite, hija del artista

Largilliere Retrato de Elisabeth Marguerite, hija del artista

Nicolas de Largilliere, a la par que reproducía los detalles de encajes, sedas labradas, joyas y otros, en sus retratos se detuvo en poner de manifiesto esa estética.

Olvidado a la sombra de su amigo y rival Hyacinthe Rigaud, Largillierre merece ser recordado como uno de los grandes pintores del arte francés.

El Museo Ashmolean (Universidad de Oxford), el Museo Fitzwilliam (Universidad de Cambridge), el Museo de Arte de Honolulu, el Louvre, la Galería Nacional de Arte (Washington DC), el Museo Nelson-Atkins de Arte (Kansas City, Missouri) , el Musée des Beaux-Arts de Estrasburgo y la Pinacoteca di Brera (Milán), Museo Calouste Gulbenkian, el Museu Nacional de Arte Antiga (Lisboa), el Instituto de Artes de Detroit (Detroit) se encuentran entre las colecciones públicas la celebración de obras de Nicolás de Largilliere.

La maestría de Nicolas de Largilliere fue aplicada sobre todo a los retratos, los cuales estaban cargados de una vitalidad y sensibilidad que hacían de él uno de los pintores más grandes del reinado de Luis XIV y la Regencia. Sin duda, uno de las personalidades que contribuyó a difundir una estética, una moda….

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