EL NIÑO VESTIDO. LA EDAD MEDIA

Sobre el traje infantil hemos realizado dos publicaciones: la primera, dedicada a la vestimenta de los niños en los siglos XVI y XVII (1º de octubre de 2012) y la segunda que trató sobre el tema en el antiguo Egipto (18 de diciembre de 2013). En esta, nos detendremos en comentar cómo vistieron los niños en la Edad Media.

Tal como señalamos en las citadas publicaciones, la indumentaria infantil, como la de los adultos, ha estado fuertemente vinculada con los conceptos estéticos, la cultura y las tradiciones establecidas en cada civilización o etapa histórica. Lamentablemente, durante siglos, la vestimenta del ser humano durante su infancia ha sido poco referenciada, tanto en las fuentes iconográficas como los textos escritos. La demostración de poder, el tributo reflejado en la reproducción escultórica o pictórica de un emperador, rey, senador, monarca o poderoso burgués ha sido más necesaria que la de sus vástagos. No obstante, en unas épocas más que en otras, sí se ha hecho pública la imagen de padres con sus hijos, ya sea por la importancia de ésta para las sucesiones de tronos o posesiones o por criterios religiosos, éticos o morales relacionados con la cosmovisión de las diversas culturas. Así sucedió tanto en Egipto, como en Grecia y Roma.

A pesar de que en la mayoría de las regiones de Europa, las costumbres romanas estaban arraigadas mucho antes de la caída del Imperio, el modo de vida medieval se iría perfilando cada vez más de una forma diferente. Un nuevo sistema de producción, generará una estructura social que, en una Europa cristianizada, cambiará los comportamientos humanos y los patrones de la sociabilidad. Con ello, lógicamente, variará la vestimenta general y, como parte de ella, la del niño.

Durante el período de las Grandes Migraciones, hablar de una tipo de indumentaria común resulta muy arriesgado. Francos, godos, suevos, anglos…poseían tanto costumbres como ropajes diversos, los cuales se mantiene durante los siglos en que aparecen los primeros estados a través de los reinos germánicos. Sin embargo, ciertos rasgos similares se observan, unificados más por la posición económica-social de sus portadores que por su procedencia étnica o geográfica. Sobre la indumentaria llevada por los niños durante el medioevo no existen muchos datos. Es conocido que el límite de la edad infantil en la mayoría de los reinos que conformaban el mapa Europeo de entonces, establecía los 12 años para los varones, y los 14 para las hembras. Con ello, los niños comenzaron la imitación de adultos en una temprana edad. Fueron vestidos como hombre y mujeres cuanto antes y animados a actuar como tales, ya fuera como mano de obra en el seno de las familias campesinas o para asumir responsabilidades de sucesión o matrimonios de interés por la clase en el poder. Si tenemos en cuenta tanto el elevado índice de mortalidad infantil, como los límites de la esperanza de vida a los 30 años…precipitar al máximo sus vidas de adulto se debía no sólo a un interés en prolongarla sino, más que nada, a las condiciones económico-sociales de la época.

Lorenzetti. Madona y niño. 1340-45. Pinacoteca de Brera, Milan

Lorenzetti. Madona y niño. 1340-45. Pinacoteca de Brera, Milan


Los bebés generalmente eran abrigados por medio de paños envolviendo a presión su cuerpo. Con ello se pretendía tanto aislarlos del frío como protegerlos de los posibles golpes o caídas y, sobre todo, se pensaba que con ello se garantizaba enderezar sus piernas y su columna vertebral. Otra de las ventajas de tener al pequeño envuelto en tiras de tejido era que, llegado el momento o la necesidad, éste podía ser “colgado” de un clavo en la entrada de una posada u otro lugar público o privado. Esta costumbre de envolver al bebé en paños, fue desapareciendo poco a poco. En las clases altas se mantuvo solamente hasta los seis meses de vida, vistiéndolos posteriormente con túnicas holgadas, de acuerdo con la moda de los adultos. Las túnicas, de diversos largos, podían tener un cinturón y generalmente eran acompañadas por una cofia, la cual se ataba al cuerpo del vestido a fin de contribuir a que el bebé mantuviera la cabeza erguida.

Así se observa en la iluminación del manuscrito del siglo XIV que hemos publicado, en la cual, mientras que el bebé reposa en la cuna con las cintas que atan los paños a su cuerpo, sus hermanos aparecen cubiertos con túnicas sueltas; en el retrato de la “Madona con el niño y dos ángeles”, de principios del siglo XIV el niño se representa, igualmente, ataviado con una ligera túnica.

Niños jugando. Iluminación de manuscrito (s. XIV-Orme, p.61)

Niños jugando. Iluminación de manuscrito (s. XIV-Orme, p.61)

Madonna  entre dos ángeles. Tríptico, siglo XIV

Madonna entre dos ángeles. Tríptico, siglo XIV

Sobre la vestimenta de los niños de más edad existen algunas referencias pictóricas de los siglos XIV y XV. Los pintores flamencos en sus obras incluyen como parte de las escenas religiosas o sociales, la presencia de los niños. En el Tríptico de la Familia Portinari de Hugo van der Goes, (1475) se observa a Maria Bonciani con su hija, Margherita, con vestimentas a la última moda: el estilo de Borgoña. La riqueza del tejido, la rigidez del cuerpo y el uso del sobreveste ceñido, con larga cola, unifican la imagen de ambas. Sin embargo, la madre lleva el típico escote en V con el ancho cinturón, que marca el talle alto, propio del último estilo borgoñés, la niña se mantiene en una línea más conservadora, con las lazadas al frente que descienden en el talle marcado más bajo que la cintura. Mientras la madre lleva un tocado puntiagudo –henin o capirote- la niña está adorna su cabeza con una pieza de terciopelo, dejando lucir su cabello, según le permitía la norma cristiana a las doncellas. En el caso de los varones, su indumentaria que apenas presenta diferencias con las llevadas por sus padres.

Hugo van der Goes, (1475). Tríptico de la Familia Portinari

Hugo van der Goes, (1475). Tríptico de la Familia Portinari

Hugo van der Goes.  Familia Portinari (detalle).1475

Hugo van der Goes. Familia Portinari (detalle).1475

Andrea Mantegna. Ludovicio Gonzaga y su hijo. (detalle). Camara de los esposos. Palacio ducal de Mantua. 1473-74

Andrea Mantegna. Ludovicio Gonzaga y su hijo. (detalle). Camara de los esposos. Palacio ducal de Mantua. 1473-74

Es así como, con la aparición de los primeros síntomas de la moda a través de la fantasía del vestir – en los siglos XIV y XV- se observa también el inicio de una nueva etapa en la historia de la ropa infantil. Durante la Antigüedad y a lo largo de la Alta Edad Media, las propias corrientes estéticas de la indumentaria de los adultos influyen en que la de los niños sea la desnudez parcial o el uso de ropajes a base de piezas holgadas (túnicas, mantos) y -con excepción del “envolvimiento” del bebé del medioevo- constituyen formas más adecuadas a las necesidades del desarrollo vital del niño. A partir de este momento, ser la copia en miniatura de sus padres era lo común, algo que llegó a ser dañino para la evolución anatómica de los niños.

Con la Revolución Francesa se inicia una nueva etapa en la evolución de la indumentaria. Atrás quedarían decretos y leyes suntuarias que desde la Edad Media impedían el acceso a determinadas prendas y materiales por las clases del tercer estado. A partir de entonces, la moda respondería a una nueva estructura económica-social existente en la mayoría de los países europeos desde inicios del siglo XIX. Pero antes de que las transformaciones sociales fueran evidentes, existía una ideología que jugó un importante papel en la gradual transformación de la indumentaria infantil. Los pensadores de la Ilustración consideraron la higiene como un tema social, un tema que incidía en la salud pública colectiva. Como resultado de sus estudios, y el posterior triunfo de la burguesía la frente de la mayoría de los países europeos, se benefician los niños abandonándose paulatinamente la costumbre de los ropajes recargados, las rígidas armazones, todo ello perjudiciales para su salud.

Pero no es hasta mediados del siglo XIX que la vestimenta infantil comienza a ser objeto de preocupación para los creadores y comerciantes de ropa. A tal fecha -alrededor de 1850-60- fue quedando atrás la costumbre de vestir a los hijos como pequeños adultos. El desarrollo de la producción del algodón y sus derivados, posibilitó su uso en los conjuntos infantiles sin renunciar al adorno y cierta decoración. La apariencia de los niños se fue adaptando a las necesidades reales de su anatomía y desarrollo físico, sin renunciar al cambio de estilos que marcaban sus diferencias ni a los adornos y accesorios que reflejaran la posición social de sus padres. En la actualidad, dentro de la etapa consumista del traje, la ropa infantil es un gran negocio. La garantía de calidad, comodidad, higiene y confort es un logro…pero, tal como sucede con sus padres, la ropa que cubre sus cuerpos seguirá siendo un indicador de su estatus social.

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