KONSTANTIN KOROVIN. El impresionismo. Del lienzo a la escena

Muchas publicaciones hemos dedicado a las vanguardias escénicas del siglo XX. Simbolismo, expresionismo, dadá, futurismo, constructivismo…han sido tratadas en su reflejo en el diseño escénico.

En todos estos casos, se ha señalado su relación con el cambio total que se produjo en la concepción del diseño de la escena en las primeras décadas del siglo XX. Mediante la propuesta de “reteatralizar” el teatro, desarrollada por Adolphe Appia, Edward Gordon Craig y otros renovadores, el decorado, el vestuario y las luces dejaron de “ilustrar” el texto para convertirse en medios de expresión fundamentales del arte escénico.

Como reacción al teatro naturalista, los renovadores de la escena sustituyeron las tradicionales telas pintadas por dispositivos construidos, practicables, volúmenes que expresaban mediante la iluminación, textura y composición el dramatismo necesario, abriendo el camino a múltiples estilos y tendencias que desarrolló posteriormente el teatro de vanguardia y a los experimentos más revolucionarios en la plástica escénica universal.

Y esa reacción caminó, en sus inicios, de la mano de la renovación que en el mundo de la pintura se estaba produciendo. Y todos los movimientos de las vanguardias pictóricas, tuvieron como punto de partida a aquel que primero reaccionó contra el arte académico: el impresionismo, movimiento pictórico que surgió en Francia a finales del siglo XIX rechazando los temas clásicos y las encorsetadas fórmulas artísticas preconizadas por la Academia Francesa de Bellas Artes.

Los impresionistas escogieron la pintura al aire libre y los temas de la vida cotidiana con el principal objetivo de conseguir una representación del mundo espontánea y directa, y para ello se centraron en los efectos que produce la luz natural sobre los objetos. Las figuras principales del movimiento fueron: Edgar Degas, Claude Monet, Berthe Morisot, Camille Pisarro, Auguste Renoir y Alfred Sisley, extendiéndose sus técnicas y temáticas más allá de sus fronteras.

En la lejana Rusia, el impresionismo arraigó con fuerza y originó obras de gran entidad demostrando que el final del XIX y los inicios del XX fueron tiempos de fertilidad creativa esta región, con una actividad artística muy ligada al occidente europeo y especialmente a las corrientes de moda en París. Y dentro de este movimiento se destacó Konstantin Korovin (1861, Moscú – 1939, París), pintor, artista gráfico, diseñador escénico, arquitecto y maestro de las artes decorativas.

Nacido en una familia de comerciantes, sus padres eran aficionados del arte por lo que su educación se encaminó primero, hacia la arquitectura cambiando pronto sus estudios para la pintura. En 1881 ingresó en la Academia Imperial de las Artes en San Petersburgo, pero se decepcionó de los métodos de enseñanza anticuados. En 1886 se graduó de pintura, escultura y arquitectura en la Escuela de Moscú.

Ya en sus primeros trabajos, Konstantin Korovin desarrolló su propio estilo de pintura, que se caracterizó por la improvisación libre, por utilizar trazos dinámicos, por el brillo y la riqueza de colores. Fue el primero de los artistas rusos que descubriera el impresionismo como estilo.

En 1885, Korovin viajó a París y a España. En la capital francesa descubre el trabajo de los impresionistas. Había encontrado la manera de reflejar su personalidad creadora en un estilo innovador. A su regreso a Rusia comienza e interesarse por el teatro, actuando y diseñando la escenografía y el vestuario para puestas en escena en el “círculo de Abramtsevo”, célebre espacio de la vanguardia rusa.

En el resto de la década, Korovin continuó viajando y pintando con éxito de crítica. Con su cuadro “En el balcón”, obtuvo la medalla de oro en la Exposición Universal de París de 1900. En la década de los noventa, se convirtió en miembro del grupo artístico Mir iskusstva (Mundo del Arte). En 1900, Korovin diseñó la sección de Asia Central del pabellón del Imperio Ruso en la Exposición Universal de París (1900); fue premiado con la Legión de Honor por el gobierno francés.

A comienzos del siglo XX, siguiendo una fuerte atracción por el teatro que había comenzado con Savva Mámontov, Korovin se trasladó al Teatro Mariinski en San Petersburgo. Apartándose de la tradición del decorado escénico, y adelantándose a las prontas expresiones de ruptura en la plástica teatral, Korovin produjo un decorado anímico, expresivo, poco descriptico, que transmitía las emociones generales de la representación. Diseñó para las producciones dramáticas de Konstantín Stanislavski, así como óperas y ballets del Mariinsky como “Faust” (1899),  y “Sadkó” (1906), las cuales se destacaron por la gran carga expresiva y su ruptura con el decorado y vestuario del teatro tradicional de su época.

Boceto para: “The Little Humpbacked Horse” (“El caballito jorobado”, 1901)

Boceto para: “The Little Humpbacked Horse” (“El caballito jorobado”, 1901)

A. V. Nezhdanova como Volkhova (en la foto) de la ópera "Sadko". Boceto de Korovin , 1906

A. V. Nezhdanova como Volkhova (en la foto) de la ópera “Sadko”. Boceto de Korovin , 1906

Desde 1900 Korovin trabajó en los teatros imperiales en Moscú y en San Petersburgo. En 1903 fue nombrado artista y bibliotecario de la oficina de Moscú a los teatros imperiales; en 1909-1910 trabajó como jefe de diseño y asesor artístico de los teatros imperiales en Moscú. Korovin diseñó más de cien puestas en escena para ópera y ballet.

Boceto de diseño de vestuario para "Fausto", 1906

Boceto de diseño de vestuario para “Fausto”, 1906

Boceto vestuario para el ballet "Salammbo" (Bolshoi, 1901)

Boceto vestuario para el ballet “Salammbo” (Bolshoi, 1901)

The Temple of Tanit- sketch the scenery for the ballet 'Salammbo' at the Bolshoi Theatre

Diseño de escenografía para el ballet “Salammbo” (Bolshoi, 1901)

Boceto vestuario para ópera "Prince Igor", Teatro Mariinsky, 1909

Boceto vestuario para ópera “Prince Igor”, Teatro Mariinsky, 1909

Boceto vestuario para ópera "Prince Igor", Teatro Mariinsky, 1909

Boceto vestuario para ópera “Prince Igor”, Teatro Mariinsky, 1909

 

 

Durante la Primera Guerra Mundial, Korovin trabajó como asesor de camuflaje en los cuarteles de uno de los ejércitos rusos y a menudo se le vio en la línea del frente. Después de la Revolución de Octubre Korovin siguió trabajando en el teatro, diseñando para óperas de Richard Wagner como “La valquiria” y “Sigfrido”, así como “Cascanueces” de Chaikovski. Fue miembro del Consejo Especial de las Artes, del Soviet de Moscú, participó en la organización del Colegio de Artistas de Teatro, del Departamento de Artes Plásticas de la Comisaría Nacional de Educación, entre otras actividades relacionadas con la nueva sociedad soviética.

En 1923 Korovin con su esposa e hijo se trasladaron a París. Durante su estancia fuera de Rusia, trabajó como diseñador teatral, creando el decorado y vestuario para variados espectáculos de ópera y ballet. Entre otros, diseñó el ballet “Don Quijote” para las actuaciones de la troupe de Anna Pavlova en el teatro Covent Garden, de Londres (1925), la ópera “El gallo de oro “de Rimsky-Korsakov para la Opera de Turín (1925). En los últimos años de vida, diseñó para los principales teatros de Europa, Estados Unidos, Asia y Australia.

Korovin murió en París el 11 de septiembre de 1939. El hijo de Konstantín, Alekséi Korovin (1897-1950) fue un destacado pintor ruso-francés. Debido a un accidente de la niñez, ambos pies tuvieron que serle amputados. Alekséi se suicidó en 1950.

Además de ser reconocida su valiosa contribución a la historia de la pintura rusa, Korovin es considerado como uno de los mejores diseñadores de escena de su tiempo. En los ejemplos seleccionados para la publicación –todos pertenecientes a los años que van entre 1901 y 1909- se percibe claramente el estilo impresionista del creador.

Boceto de vestuario para "Pelleas and Melisande", 1901

Boceto de vestuario para “Pelleas and Melisande”, 1901

Diseño de vestuario para el ballet "Little Scarlet Flower". Teatro Mariinsky Theatre, 1909

Diseño de vestuario para el ballet “Little Scarlet Flower”. Teatro Mariinsky Theatre, 1909

Las texturas sugeridas, los volúmenes a medio representar, la mancha sustituyendo el plano, la libertad cromática…todo ello antes o a la par que se inauguraran en los escenarios o cafés teatros de Occidente lo que darían a conocer como las vanguardias escénicas.

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