EL TOCADO. Su fuerza visual como referente de un carácter-personaje

Todos conocemos que los innegables contenidos del traje y la moda dentro del complejo entramado de necesidades de reconocimiento de identidades individuales y colectivas, al ser llevados a la escena, aumentan en sus significantes simbólicos. Dichos contenidos, insertados en la ficción, crean otros, debido a la traslación de sus códigos históricos a nuevos lenguajes de representación visual. El vestuario en la escena pasa de ser mero instrumento comunicativo dentro del contexto dramatúrgico y la práctica escénica, a un cuerpo que asume proyección histórica, fantástica, simbólica, metafórica, entre otras…llegando, en ocasiones, a convertirse en imaginario cultural, entendido como el reducto trascendental y transhistórico en el que se va depositando el conjunto de vivencias y experiencias del quehacer humano a lo largo de su historia. El arte teatral, en tanto arte efímero, ha tenido una clara ‘competencia’ en esta relación vestuario escénico –imaginario colectivo. Es en el cine, como arte masivo por excelencia y cuyo lenguaje se caracteriza por la verosimilitud, donde podemos advertir con mayor claridad esta relación. A través de la “pantalla de plata”, el vestuario escénico se ha encargado de sedimentar ‘estilos’ o ambientes identificativos de contextos y situaciones. Los vestidos con falda con gran volumen llevados sobre la jaula (crinolina) se convierten en símbolo del ambiente mundano de la alta burguesía de mediados del siglo XIX, por su marcado uso en los drama históricos que han rodeado a las emperatrices, a las Scarlett O’Hara, al “Gatopardo” de Luchino Visconti. Aun existiendo otros planos de reconocimiento (referentes argumentales, musicales, entre otros), sin duda, la imagen-personaje se destaca por la fuerza que ejerce en nuestra memoria. Los vestidos creados por Gilbert Adrian y Travis Banton que marcaban la silueta sinuosa del cuerpo de las grandes iconos de la “femme fatale” (Garbo, Crawford, Dietrich), remiten al glamour de los años 30’s del pasado siglo. Por supuesto que no en todo vestuario de cine se produce esta sedimentación, se trata de producciones fílmicas cuyos personajes –y su imagen vestimentaria- han creado el suficiente impacto como para que sea ‘grabada’ en la memoria del espectador, o géneros o estilos cinematográficos que –por repetición de elementos del traje escénico- cree una “tipología” a nivel de imagen. Como parte del lenguaje de cine, tanto el primer plano como las posteriores técnicas de movimientos de la cámara (entre ellos el “zoom”) hacen que –según estilos y autores- la parte de mayor presencia en la pantalla del “actor-personaje” es el busto y cabeza. Por ello, los diseñadores de vestuario para cine deben de estar alertas por cuidar al detalle los escotes, cuellos, maquillaje, peluquería y…los tocados…. Como un ejemplo de ello, acompañamos en estos apuntes algunos fotogramas que apoyan estas ideas. – Gracias a las numerosas producciones sobre cine negro que presentan con esta imagen vestimentaria a sus personajes, los sombreros de paño flexible (Fedora u Homburg) nos remiten al ambiente de los gángsters de EEUU de las primeras décadas del siglo XX.

Edward G. Robinson en Hampa dorada ("Little Caesar", Mervyn LeRoy,  1931)

Edward G. Robinson en Hampa dorada (“Little Caesar”, Mervyn LeRoy, 1931)

Josh Hartnett, Aaron Eckhart  y  Scarlett Johansson en

Josh Hartnett, Aaron Eckhart y Scarlett Johansson en “la Dalia negra” – 2006

– En varias películas se han reproducido los grandes sombreros con plumas inmensas de moda en los años 1909-1914 pero, si este tipo de sombrero se adorna con lazos en blanco y negro, nos remite, sin duda, a la imagen de Eliza Doolittle (Audrey Hepburn) brillando con su transformación en el palco del hipódromo de Ascot, escena memorable de “My Fair Lady” (George Cukor, 1964).

Eliza Doolittle (Audrey Hepburn) en  “My Fair Lady” (George Cukor, 1964)

Eliza Doolittle (Audrey Hepburn) en “My Fair Lady” (George Cukor, 1964)

Eliza Doolittle (Audrey Hepburn) en “My Fair Lady” (George Cukor, 1964)

Eliza Doolittle (Audrey Hepburn) en “My Fair Lady” (George Cukor, 1964)

– La capota ha sido vista por los espectadores de cine en numerables ocasiones. Basta recordar las películas que adaptan la obra de la destacada novelista británica que vivió durante el período de la Regencia, Jane Austen (“Orgullo y Prejuicio”, “Sentido y Sensibilidad”, entre otras). Pero la fuerza con que este tocado, en su versión de los años posteriores (1851) cuando el volumen de sus alas se agranda, adquiere en el rostro de Ada (Holly Hunter) y su hija (Ana Paquin), provoca que identifiquemos este tocado con la dramática historia de esa muda que deja Escocia y viaja a Nueva Zelanda para cumplir con un matrimonio concertado, narrada en “El Piano” (Jane Campion, 1993).

Ada (Holly Hunter) y su hija (Ana Paquin), en “El Piano” (Jane Campion, 1993)

Ada (Holly Hunter) y su hija (Ana Paquin), en “El Piano” (Jane Campion, 1993)

– El último ejemplo es, quizá, el que mayor fuerza posee, por constituir una de las consideradas mejores películas de la historia del cine. Drama romántico donde los haya, “Casablanca” (Michael Curtiz, 1942) no solamente será recordada por su íntegro desarrollo, pero dos escenas no podrán ser olvidadas: el encuentro de Rick (Humphrey Bogart) y de Ilsa (Ingrid Bergman) en el bar del primero y la dramática despedida, cuyo primer plano combinado nos destaca, tanto los rostros, la mirada y…los tocados.

Rick (Humphrey Bogart) y de Ilsa (Ingrid Bergman) en “Casablanca” (Michael Curtiz, 1942)

Rick (Humphrey Bogart) y de Ilsa (Ingrid Bergman) en “Casablanca” (Michael Curtiz, 1942)

Impacto emocional, deleite estético…ya sea por una u otra razón la imagen cinematográfica constituye el puente necesario entre la realidad objetiva y el mundo subjetivo del ser humano. A través de la proyección sucesiva de imágenes y una vez establecida la conexión comunicativa con el espectador, es cuando se produce el “encanto de la imagen”, proceso que genera la apropiación emocional de extraer una visión particular de la realidad, cercana o alejada a ésta, en dependencia de la calidad y objetivos de la obra cinematográfica . Dentro de la imagen cinematográfica, el vestuario-personaje ocupa un espacio relevante en cada fotograma, jugando un importante y destacado papel en esa “experiencia estética” que provoca el visionado de una película.

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