La moda y las ‘favoritas’ reales: BARBARA VILLIERS

La difusión de la moda a lo largo de varios siglos, durante la llamada “etapa aristocrática del traje” estuvo centrada en las cortes. En anteriores publicaciones he comentado cómo, en ese periodo en que los cambios en el vestir surgían espontáneamente, hasta que no fueran ‘certificados’ por los estamentos superiores y posteriormente copiados, no se convertían en moda.

Por supuesto que esa ‘certificación’, se centraba en aquellas cortes y monarcas con mayor poder y prestigio. En su temprana aparición (siglos XIV y XV), el foco estaría en el ducado de Borgoña, paralelamente se estuvo definiendo un estilo diferente en los principados o ducados italianos, a mediados del XV y principios del XVI. A partir de mediados de ese siglo y hasta entrado el XVII, desde la corte española se marcaron las pautas en el vestir. Francia arrebató a España esa influencia y desde mediados del siglo XVII los monarcas de la dinastía borbónica y sus asesores ejercerían el control de la moda, convirtiéndose la corte francesa en la ‘gran pasarela’ del mundo.

Todos copiaban, no solamente a los monarcas, sino a sus cortesanos, quienes difundían el estilo del momento. Los tejidos en boga, los adornos, peinados, tocados y hasta modos y maneras en el trato y el habla. Uno de los personajes del gran ‘elenco’ que cohabitaba en los salones cortesanos eran las ‘favoritas’ o amantes ‘oficiales’ del monarca.

Alguna publicación he dedicado a la influencia de las favoritas en la moda, donde señalaba: “Dentro de esa ‘élite de prestigio’ se encontraron las favoritas de los miembros de las distintas casas reales que, en muchos países, adoptaron el modelo político de monarquías absolutas. Y ellas, a la par que iban adquiriendo ciertos privilegios dentro de las corte, contribuyeron también a la difusión de modas y manera. Madame de Pompadour, favorita de Luis XV difundió un tipo de vestido (ver “El Vestido a la Francesa, Madame Pompadour y la promoción de un estilo” del 12 de noviembre 2012); los tan típicos tocados fontaignes, que coronaban las cabezas de las mujeres de la segunda mitad del siglo XVII, se debe a otra cortesana, en este caso del Rey Sol, Luis XIV (“El tocado ‘fontagne’. Influencia de las “favoritas” de los monarcas en las pautas de la moda”, 30 de marzo 2012)”.

En estos apuntes, saldremos de Francia para centrarnos en la corte de otro país cuyo poder hizo que se mantuviera en constante enfrentamiento con los franceses: Inglaterra. Y nos detendremos en los años conocidos como la “Restauración inglesa”, época del reinado de Carlos II, cuyo padre, Carlos I, fue ejecutado en 1649 tras la Guerra Civil Inglesa; la monarquía fue entonces abolida y el país se convirtió en una república bajo el mando de Oliver Cromwell, el “Lord Protector”. En 1660, dos años después de la muerte de Cromwell, se restauró la monarquía bajo Carlos II.

Conocido como el ‘Alegre Monarca’, Carlos II fue hábil en su relación con el Parlamento. Como monarca, presidió una época en la que Inglaterra desarrolló una revolución cultural y científica extraordinaria después de la sombría dictadura de los Cromwell. El rey Carlos II era jovial, extrovertido y extremadamente mujeriego. Llegó a tener más de 10 favoritas conocidas durante su reinado, producto de lo cual tuvo, al menos, una quincena de bastardos que compensaron la tan cacareada esterilidad de la reina. Sobre una de ellas, ya comenté en la publicación del 6 de diciembre de 2012 “Eleanor Gwynn. La «Pretty, Witty Nell» («Bella e Ingeniosa Nell») yEl Rey Carlos II de Inglaterra”.

Una de las relaciones entre monarca y cortesana más famosa de la historia es la vivida con Barbara Villiers, posterior Barbara Palmer y primera duquesa de Cleveland. Sobre ella comentaron sus contemporáneos: “mujer de gran belleza, pero enormemente viciosa, impetuosa y voraz”. El propio rey afirmó: “Barbara tiene todos los trucos para dar placer”. Algunos la señalaban como vanidosa, otros como vulgar…pero aún así, ha sido una de las amantes reales más retratadas de la historia.

Nacida en 1640, era hija única del noble caballero Williams Villiers (2º Vizconde de Grandison) y de la noble dama Mary Bayning. En el otoño de 1643 su padre muere a causa de una herida de batalla, dejando a su esposa e hija en difíciles circunstancias y aunque Bárbara se destacaba como una de las jóvenes más hermosas de la aristocracia, su escasa fortuna impedían encontrar un candidato para ser casada. Pronto llamaría la atención del libertino Philip Stanhope, conde de Chesterfield, quien sería su primer amante sin asumir el compromiso. En 1659 se casó con Roger Palmer en contra de los deseos de su familia.

Estando ya casada, Barbara Palmer conoció al futuro rey Carlos I, quien se encontraba en Holanda en busca de apoyo para recuperar la monarquía. Tenía 19 años y sirvió de mensajera para llevar documentos y cartas al descendiente de Carlos I. Casi inmediatamente de ese encuentro, comenzaron su relación amorosa y al regreso triunfal como rey de Inglaterra, Carlos y Barbara eran amantes.

Una vez en la corte, la relación con el monarca fue en un inicio discreta, manteniéndose Barbara en su casa y recibiendo las continuas visitas del rey. Pero con el nacimiento de su hijo, se evidenció la relación, proclamando públicamente Carlos II la paternidad. Con el fin de hacer callar a Roger Palmer la indignación por la situación con su esposa, el rey le otorgó en 1661 el título de primer conde de Castlemaine. Palmer aceptó el título y se trasladó al extranjero hasta que se separó definitivamente de Barbara en 1662.

En este mismo año llegó a la corte la futura reina de Inglaterra, Catalina de Braganza de Portugal y Barbara estaba en estado de embarazo de su segundo hijo. La reina había sido advertida sobre Barbara, quien deseaba adquirir el nombramiento de dama de compañía y disponer de ingresos y lugar en palacio, lo cual finalmente logró, al despedir el monarca a las damas portuguesas y dejar el sitio a su amante.

Estos fueron los años de gloria para Barbara. El rey Carlos II encargó al pintor oficial de la corte –Sir Peter Lely- que la retratara. Y eso sucedió no solo una vez, sino varias.

barbara-villiers-1641-1709_Lely

Peter Lely: Barbara Villiers, 1660’s

Peter Lely. Barbara Villiers, Countess of Castlemaine, 1st Duchess of Cleveland

Peter Lely: Barbara Villiers, 1660’s

Algunos de los retratos se reprodujeron en grabados y eran vendidos a todos aquellos que conocían la historia de la favorita y su poder dentro de la corte. Se convirtió en una de las mujeres más conocidas de Inglaterra, famosa, además de por su belleza e influencia en el rey, por sus extravagancias en gastos de joyas y vestimenta.

NPG D20377; Barbara Palmer (nÈe Villiers), Duchess of Cleveland published by Richard Tompson, after  Sir Peter Lely

La duqeusa de Cleaveland, publicado por  Richard Tompson, 1670’s

NPG D15199; Barbara Palmer (nÈe Villiers), Duchess of Cleveland by Robert Williams, published by  Edward Cooper, after  William Wissing

Barbara Palmer, duiquesa de Cleaveland, 1960’s

Con tal promoción, la imagen de Barbara se convirtió en modelo a seguir en las modas, con todo el morbo que supone conocer los detalles de su vida. Se dice que además de gastar en su atuendo, ocupaba mucho tiempo a vestirse, maquillarse y peinarse. La moda que luce en estos retratos es la que corresponde a la segunda mitad del siglo XVII, caracterizada por la gradual estilización de la silueta femenina. Los cuerpos cada vez estrechaban más el torso y la cintura, aún con mangas con volumen que muestra parcialmente la camisa interior. Los escotes, permitidos para actividades cortesanas, eran exagerados por los pintores al retratar a las favoritas de la corte. El estilo de los peinados, muestran el paso de peinados más clásicos al conocido como ‘hurluberlu’, propio de los años 1660’s. Todos adornados con joyas, así como en los collares, pendientes y broches reproducidos por los pintores.

La vanidad Barbara hizo que Peter Lely la pintara también representando personajes mitológicos o alegorías poéticas. Su inteligencia para conservar el poder sobre el monarca logró que en 1670 se le concediera el título de Baronesa de Nonsuch, Condesa de Southampton y Duquesa de Cleveland.

Barbara Villiers as the penitent Magdalen.

Barbara Palmer como la penitente Magdalena

 

Barbara Villiers, Duchess of Cleveland, 1662 by Lely

Peter Lely. Barbara Palmer , 1667

Pero Barbara nunca fue fiel al rey. Era promiscua y tuvo varios amantes antes y durante su relación con el monarca. Hacia 1674, después de casi catorce años como favorita real, Barbara se encontró reemplazada por la actriz Nell Gwyn y Luisa de Keroualle. Poco después, el rey la echó completamente de su lado y tomó a Nell Gwynne como su nueva favorita.

En 1705 Roger Palmer muere, y Barbara se casó con Roberto Feilding. Pero mantuvo su título y el poder económico derivado del reconocimiento de sus 6 hijos en común con el rey. Murió en 1709 después de sufrir hidropesía.

Más información:

Elizabeth Hamilton. The Illustrious Lady: a biography of Barbara Villiers, Countess of Castlemaine and Duchess of Cleveland (1980).

2 Respuestas a “La moda y las ‘favoritas’ reales: BARBARA VILLIERS

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