VIRGINIA OLDOINI, CONDESA DE CASTIGLIONE. La Divina Condesa

Robert de Montesquiou no pudo dejar de sentir fascinación por este personaje que se le parecía por su narcisismo. Aristócrata italiana radicada en París, figura deslumbrante del Segundo Imperio, amante de Napoleón III, la “divina condesa” viviría luego recluida, saliendo solo por la noche, cubierta por un velo negro. Con la complicidad de Pierre Louis Pierson, fue su propia fotógrafa hasta su ocaso: existen alrededor de quinientas fotos que captan su imagen, sus vestidos, su cuerpo, sus actitudes según un ritual totalmente determinado por ella y con una invención formal sorprendentemente moderna” (“La Condesa de Castiglione por sí misma”, presentada del 12 octubre 1999 – 23 enero 2000, Exposición del Musée d’Orsay).

No pude encontrar mejor palabras para introducir al personaje a quien dedico esta publicación. Se trata de Virginia Oldoini, Condesa de Castiglione, mujer vinculada no solamente a la moda, sino a las intrigas políticas del Segundo Imperio Francés, a los fastos de la Corte de Tuileries y a la irradiación de un París cosmopolita, capital de la moda y de los placeres. Mucho se ha escrito sobre este personaje, pero no puedo dejar de referenciarla como uno de los personajes más insólitos relacionados con la apariencia, su difusión y relación con la sociedad y la política de mediados del siglo XIX.

Considerada por muchos como la primera modelo de fotografía de moda y poniendo otros en duda su relación íntima con el emperador Napoleón III, Virginia Oldoini nació en Florencia en 1837 en el seno de una familia de la nobleza menor de la Toscana italiana. Recibió una esmerada educación, que incluía el dominio de cuatro idiomas con fluidez, conocimientos de música y danza. Pronto se comenzó a destacar por estas cualidades y, sobre todo, por su belleza: alta, rubia, muy esbelta y con unos ojos verdes-violeta muy llamativos, por lo que la denominaban como “La Perla d’Italia”.

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1857. Frederic Watts. Condesa de Castiglione

Con sólo diecisiete años en 1854 contrajo matrimonio con Francesco Verasis Asinari, conde de Castiglione y de Costigliole, doce años mayor que ella. Su matrimonio no cumplió con las expectativas de la joven, a quien le gustaban las fiestas, los viajes y la activa vida social. Tuvieron un único hijo que moriría de viruela a temprana edad sin haber alcanzado la adolescencia. Poco a poco las diferencias de carácter les fueron separando.

En una de las actividades sociales a la que asiste, sin su marido como era habitual, coincide con un primo suyo, Cavour, primer ministro del rey Víctor Manuel II de Cerdeña y el Piamonte. Cavour le propone utilizar sus servicios para conseguir la unificación de Italia. Se trataba de lograr que el emperador francés, Napoleón III, se enfrentara a Austria y que ésta abandone los territorios ocupados en Italia. Con ello, la casa de Saboya se impondría en todo el territorio italiano. Según Cavour, el talento y los encantos de su prima eran más que sólidos para lograr superar el reto.

Se trataba pues, de una ‘misión’ política secreta, utilizando la atracción sexual para ‘aconsejar’ al emperador que debe atacar a Austria. En el plan, estaría incluido el Conde, por lo que se trasladaron junto con su hijo en 1855, a París, capital de un país que se encontraba en una relativa estabilidad política, luego de cuatro décadas marcadas por la Revolución Francesa de finales del siglo anterior.

El Segundo Imperio Francés (1852-1870) fue el resultado del golpe de estado preparado y llevado a cabo en 1851 por el electo por sufragio universal masculino como Primer Presidente de la Segunda República Francesa: se trataba de Luis Napoléon Bonaparte, el «príncipe-presidente», sobrino de Napoleón Bonaparte. Con muy poca resistencia entre los diputados, instaura el II Imperio, el cual fue aprobado por un plebiscito. Luis Napoleón fue declarado Emperador, tomando el nombre de Napoleón III e intentó compaginar un Gobierno autoritario y personalista con instituciones democráticas.

Durante el II Imperio Francia entró en una etapa de bonanza económica y proporcionó, durante un tiempo, estabilidad política. Se incrementó la red bancaria y se firmó un tratado librecambista con Inglaterra en 1860 que fomentó el comercio internacional. Francia se convirtió nuevamente en la primera potencia de Europa, liderando la cultura europea. Se restableció una corte con toda su brillantez y esplendor, potenciando a París como centro europeo del lujo y de la elegancia. En 1853, Luis Napoleón se casó con Eugenia de Montijo, condesa de Teba, una noble española de ascendencia escocesa y española; con ello, la corte del imperio potenció su poder como centro de moda y lujo en el vestir.

Volviendo a la Condesa de Castiglione, una vez en París, pronto fue presentada en la corte, ante Napoleón III y la emperatriz Eugenia, en un famoso baile para el cual, muchas de las damas fueron vestidas por Worth, incluyendo, por supuesto, la Condesa y la Emperatriz. Según algunos historiadores, en poco tiempo, se convirtió en amante del anfitrión, según otros, solamente entabló una relación amistosa, pero de gran influencia sobre el emperador.

Lo que hace relevante a la Condesa no fue ni su relación con el emperador francés, ni su misión política como ‘espía’, sino el legado de su personalidad, a través de la relación que estableció con la empresa especializada en fotografía de estudio formada por Mayer y Pierson, la más famosa de la época en París. Pierre-Louis Pierson y su socio Ernest Leopold Mayer atendían los reclamos de toda la alta sociedad francesa del Segundo Imperio. Pronto se convirtieron en los fotógrafos personales de la familia imperial y al irrumpir en la corte la Condesa de Castiglione, encontraron en ella un personaje digno de convertirse en su modelo.

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Pero Virginia no fue una modelo más de Pierson, la Condesa llegó a establecer una relación de producción frenética de fotografías, llegando a alcanzar la cantidad de quinientas fotografías realizadas a lo largo de unos cuarenta años. Este vínculo entre retratista y retratado traspasó el oficio de uno y otro, por la implicación de la Condesa con su personalidad narcisista, su vocación rupturista e interés renovador. La Castiglioni, al preparar las sesiones de fotografía con Pierson, no solamente elegía el vestuario, sino que también marcaba el gesto, la mirada, la composición de la obra. Llegó en ocasiones hasta retocar el producto final, determinando los títulos de cada fotografía realizada.

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Es a partir de esta experiencia, por lo que se reconoce este trabajo de Virginia Oldoini como el antecedente de la fotografía de moda. En su interés por dotar de expresividad al resultado, la Condeso creaba verdaderas ‘puestas en escena’, en las que lo dramático, gracioso, enigmático y, hasta provocador, marcó una nueva visión de lo que hasta el momento era el recién creado arte fotográfico.

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Pierre-Louis Pierson 1856-57

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En 1857, la Condesa de Castiglione regresó a Italia. Posteriormente, en 1861 volvería a la capital francesa donde se estableció definitivamente. Separada de su marido, conservó relaciones en el mundo de la altas finanzas, de la aristocracia y de la política. Con la caída del Segundo Imperio, se recluyó en su casa, sin apenas mantener contacto con la sociedad. La Castiglione falleció en 1899, a los 62 años.

Figura emblemática de la sociedad mundana del Segundo Imperio, la Divina Condesa constituyó no solamente un fascinante personaje de la época, sino un referente para pintores, escultores, escritores…y, sobre todo, objeto de culto para muchos que encontraron en sus fotografías, una manera de ver el arte.

Más información:

Schulte, R. (2006).” The Body of the Queen: Gender and Rule in the Courtly World, 1500-2000”, New York: Berghahn Books

Museo d’Orsey. En: http://www.musee-orsay.fr/es/eventos/exposiciones/en-el-museo-de-orsay/exposiciones-en-el-museo-de-orsay-mas-informaciones/article/la-comtesse-de-castiglione-par-elle-meme-3995.html?S&tx_ttnews%5BbackPid%5D=258&cHash=928860101b&print=1&no_cache=1&

“Pierson y la Castiglione: el juego de la locura”. Publicado el 24 octubre, 2011. En línea: https://maquinariadelanube.wordpress.com/2011/10/24/pierson-y-la-castiglione-el-juego-de-la-locura/

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