MARIE MANCINI. La difusión de la moda francesa por la Europa del siglo XVII

En la publicación del 1 de noviembre de 2013, “Madame de Montespan y el poder de las favoritas de los monarcas absolutos”, comenté:

Durante la etapa aristocrática del traje, los cambios de la moda sucedían de manera espontánea. Prendas, decoraciones, estilos de peinados, tocados o maquillajes podían surgir en cualquier ámbito (como elemento utilitario o manifestación de fantasía o ‘accidentes’) y, una vez ‘certificados’ en los círculos de poder, convertirse en moda. La bragueta, la casaca, la corbata, peinado y tocado Fontaigne … son solo algunos ejemplos que, al ser adoptados por monarcas, cortesanos o aristócratas de prestigio, eran copiados por sus semejantes. Dentro de esa ‘élite de prestigio’ se encontraron –sobre todo en los siglos XVII y XVIII- las favoritas de los miembros de las distintas casas reales que, en muchos países, adoptaron el modelo político de monarquías absolutas. Y ellas, a la par que iban adquiriendo ciertos privilegios dentro de las corte, contribuyeron también a la difusión de modas y manera. Madame de Pompadour, favorita de Luis XV difundió un tipo de vestido; los tan típicos tocados ‘fontaignes’, que coronaban las cabezas de las mujeres de la segunda mitad del siglo XVII, se debe a otra cortesana, en este caso del Rey Sol, Luis XIV...”

También relacionado con este monarca, ha quedado en la historia, otra mujer: Maria Mancini, quien con su imagen, difundió la moda francesa de la época en su recorrido por varias de las casas nobles del siglo XVII. Conocida por su relación con Luis XIV, es autora de un libro de memorias titulado en español “La verdad en su luz”.

Maria Mancini nació en 1639 en el seno de una familia ilustre de la nobleza italiana, cuyos orígenes se remontan a la antigua Roma. Tras pasar sus primeros años en Italia acompañada por su madre y sus hermanas (su padre falleció prematuramente), en 1653 fue trasladada junto con parte de su familia a la corte francesa, donde su tío, el cardenal Mazarino, ocupaba ya una posición de altísimo prestigio. Este hecho propiciará que tanto a Maria como a sus hermanas se las conozca en la corte como las ‘mazarinettes’. Una vez en París, Maria se internó en un convento donde estudió el idioma y la cultura franceses; a la par, se introdujo en los círculos artísticos, sociales y cortesanos organizados en torno a Ana de Austria, reina de Francia, madre y regente entonces del joven Luis XIV. En su cercanía con la reina regente, Maria tuvo ocasión de establecer una relación estrecha con el futuro monarca. Este hecho, marcará tanto su vida como la leyenda forjada en torno a ella y a su condición de ser la primera amante del poderoso soberano.

En sus memorias Maria relata la atención especial que le brindaba el ya monarca Luis XIV desde que se conocieron y más aún cuando, en 1656, murió su madre y se trasladó a la corte del monarca de manera permanente. La relación, confirmada por ella misma en sus memorias, pareció ser aceptada en un primer momento por el círculo del rey. En 1659, con la firma de la Paz de la guerra franco-española en el ‘Tratado de los Pirineos’, Luis XIV se compromete en matrimonio con la infanta de España María Teresa de Austria de la Casa de los Habsburgo, hija del rey Felipe IV de España. Tras esta decisión, Maria fue alejada de la corte.

El Cardenal Mazarino, organizó el matrimonio de Maria Mancini con Lorenzo Onofrio Colonna, condestable de Nápoles. Se casaron en París en 1661 y retornó, junto a su esposo, a su Italia natal. Ubicados en Roma, Maria se sintió pronto asfixiada en la sociedad italiana, más conservadora y sin las actividades culturales y cortesanas que había vivido en París. No obstante a ello, la relación con Onofrio Colonna se mantuvo en sus inicios estable, fruto de la cual tendrían tres hijos. La principal unión entre ambos estaba centrada en el interés del esposo por el arte, desarrollándose ambos como mecenas de actividades tanto relacionadas con la pintura como con el teatro, lo cual hace que la pareja se convirtiera en un referente de la vida pública italiana.

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Jacob-Ferdinand Voet: Una dama (posiblemente, Maria Mancini), 1960

Maria sabía que no era bien vista dentro de la sociedad italiana. Al mantener las costumbres francesas, cortesanas y galantes, fue criticada por algunos sectores de la alta sociedad romana. Mantuvo la forma de vestir ‘a la francesa’, con atuendos más llamativos y, sobre todo, escotados. Su peinado ‘hurluberlu’ o ‘hurlupée” (ver publicación del 21 de abril de 2015: Nomenclatura del traje y la moda: Hurluberlu”) escandalizaba a las italianas, más mesuradas en los peinados y tocados.

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Jacob-Ferdinand Voet. Maria Mancini como Celopatra, 1663

Pero no todo eran críticas, María era bien recibida en los salones para, entre otras, razones, poder admirar de cerca las damas a la italo-francesa con las novedades que traería en su apariencia. Es así como se entiende la cantidad de retratos que tanto a ella, como a su hermana Hortensia, le hicieron pintores famosos de la época, como el flamenco Jacob-Ferdinand Voet Cardi, muchos de ellos como encargo del cardenal Flavio Chigi, antes de que Mancini se trasladara a Roma.
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Jacob-Ferdinand Voet (atribuido). Maria Mancini, 1660’s

NPG 1718; Unknown woman, formerly known as Ortensia Mancini, Duchess of Mazarin after Jacob Ferdinand Voet

Jacob-Ferdinand Voet: Maria Mancini, 1660’s

Con el tiempo, Maria sigue desencantada con su vida en Roma. Extraña la vida galante, los cambios en la moda, el ambiente mundano de la capital francesa, tal como lo escribió en sus memorias.

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Carlo Maratta: Maria Marccini, princesa de Colonna, 1669

Tampoco su matrimonio le llenaba y decidió en 1762, abandonar su hogar y escapar de la hipocresía y falsa adulación que encontraba en el entorno en el que vivía. Esta escapada de María, consensuada con su hermana Hortensia (quien a la vez huía de su marido en Francia), se convirtió en un periplo por varios países europeos que culminó en 1676, cuando se instaló finalmente en Madrid, en un convento escogido por el condestable Colonna para tal fin. Vivirá en este país relacionándose con los más altos círculos de la corte española, incluyendo a la reina Mariana de Austria, aunque con un control claustral que nunca tuvo en el convento francés. Su vuelta a Italia no se producirá hasta pasados unos años de la muerte del condestable en 1689.

Maria Mancini no puede considerarse una personalidad de la moda como iniciadora de estilo en el vestir, pero sin duda, constituyó una verdadera publicista de las modas francesas, ya no solo por difundirla a través de su apariencia sino por comentar sobre ellas y alabar la elegancia y gusto francés en los círculos en los que se movió desde Roma, pasando por Alemania, Bélgica y Países Bajos. Su relación en la adolescencia con el futuro Rey Sol y su estancia dentro de la corte de los Borbones le brindó la celebridad. El breve noviazgo truncado con el monarca no la ubica como una ‘favorita’ más, sino como una relación previa a la posterior llegada de las cortesanas como amantes reales.

Junto con sus memorias, Maria Mancini ha dejado también un importante legado escrito en su correspondencia con su marido, el condestable Colonna y su hijo. En ellas se refleja la fuerte personalidad de Maria, su deseo de ser independiente y su aguda visión sobre los modos y las modas de los lugares en los que vivió.

Más información:

Frutos, Leticia de (20165): “Paintings, Fans, and Scented Gloves: A Witness to Cultural Exchange at the Courts of Paris, Rome, and Madrid”. En: ‘Early Modern Dynastic Marriages and Cultural Transfer’. New York: Taylor & Francis

Goldsmith, Elizabeth C.: The Kings’ Mistresses: The Liberated Lives of Marie Mancini, Princess Colonna, and Her Sister Hortense, Duchess Mazarin

 

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