Las MILLINERY SHOPS, un bullicioso lugar de moda

A pesar de haber realizado una publicación en la que se habla del tema (“Sobre los oficios de la costura –Las sombrereras y los ‘millinery shops”, 10 febrero, 2013), dedico este en solitario a esas tiendas especializadas en ‘de todo un poco’ que constituían un lugar de obligada visita para las damas de la alta sociedad del siglo XVIII. Nuevas imágenes encontradas en la red me han animado a profundizar en el tema.

Hoy en día, con el término ‘milliner’ se define a los sombrereros, sin embargo, en el Diccionario Inglés de Oxford se aclara su significado para el habitante del siglo XVIII: “artesana de artículos pequeños y accesorios de lujo sean o no procedentes de Milán, vendedora de un millar de artículos”. El vocablo “millinery“” se deriva de “Millaners“, comerciantes de la ciudad italiana de Milán, que viajaban hasta el norte de Europa para vender tejidos de sedas, cintas, adornos y ornamentos de la ropa, general. Las primeras referencias sobre esta profesión aparece en crónicas del siglo XVI, reflejando que estos ‘viajantes merceros’ eran recibidos por las familias de la aristocracia europea, la cual esperaba con ansias las novedades de la moda italiana, en el momento, foco del buen vestir.

Como comentamos en la anterior publicación, en Europa estos expertos en vender novedades decorativas, trasladaban también los famosos sombreros de paja de Florencia, comercio muy lucrativo por la fama de estos finos tocados, ricamente adornados. Este pudo haber sido la razón de que en Inglaterra, con el término se identificara después a las sombrereras.

Ya en el siglo XVIII, en Europa los merceros se había separado en dos ramas: los sombreros por un lado, y por otro, las creadores de pequeños detalles y complementos del traje como las cintas, los lazos, lo adornos del traje y los guantes, quedando en Inglaterra identificado por el resto del siglo, con la denominación de ‘milliner’ (por el origen de la actividad) y en francés como “marchande de modes”, vinculado más al carácter de ‘vendedora’ de esta profesional.…Es entonces cuando estas tres especialidades (coser los tocados de tela, ‘armar’ los sombreros de fieltro o paja y adornar ambos) se agruparon bajo el gremio de los sombrereros. Se adquiere el derecho a fabricar, adornar y vender todo tipo de tocado.

Con esta separación y especialización del oficio, el siglo XVIII ve surgir gran número de modistas que se reconvierten en sombrereras. Con la moda de la segunda mitad del setecientos, el arte de ‘adornar la cabeza’ femenina se hace más y más importante por el aumento en la complejidad de peinados y tocados. Es así como, aquellas sombrereras que alcanzan éxitos en sus ventas, dejan de hacer sus labores en casa e instalan tiendas-talleres, las cuales adquieren gran fama en la época. Pero durante años, en esas tiendas no solamente se vendían los sombreros y sus adornos, sino muchos otros artículos que atraían la atención de las damas interesadas por el mundo de la moda.

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Una joven inglesa que tomaba el “Grand Tour” describió sobre su visita a París en 1764: “Madame de Brinoy me escoltó en su carruaje a la Rue St. Honoré para ver el Maravilloso Templo de la Moda en esta calle, que es el hogar de las Marchand des Modes. Nos detuvimos cerca de una hora admirando las muñecas y maniquíes ataviadas con las modas más recientes, que se envían a todo el mundo, incluso a Constantinopla y a otros lugares bárbaros“.

La rue Saint-Honoré, de la que la Rue du Faubourg Saint-Honoré es ahora una extensión, comenzó como una calle que se extendía hacia el oeste desde el norte del Louvre (Saint Honoré es el popular santo francés Honorato de Amiens) y aún al día de hoy es considerada como una de las calles más elegantes del mundo, gracias a la presencia de prácticamente todas las principales marcas de moda. Esa condición la adquirió, precisamente en el siglo XVIII, una vez que en 1860, la Rue du Faubourg Saint-Honoré se incorporó a los límites de la ciudad de París. La célebre ‘comerciante de moda’ Rose Bertin instaló en 1773 en esa calle su tienda el “Grand Mogol” y pronto otros merchantes de moda hicieron lo mismo.

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1757. Anuncio en la prensa de una tienda-talle de la milliner Elizabeth Dawes 

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1760’s. Giovanni Battista Tiepolo: Milliner’s shop

Como señalamos anteriormente, en una “Milliner Shop” estaban a la venta variados productos relacionados con la apariencia, pero todos compartían la calidad de ser accesorios de moda, ya que no podría nunca vender prendas, labor reservada para los sastres. Las mercancías podrían incluir zapatos, joyería, servicio de mesa, relojes, calcetería, telas, camisas, delantales, capas, gorras, sombreros, manguitos y guantes…

Debido quizá a la pluralidad de su oferta, las ‘millinery shops’ se convirtieron pronto en espacios ‘de moda’. A ellas acuden las damas no solamente a seleccionar y comprar, sino que en ellas se dan cita con amigas, amigos para sociabilizar. Revisan la mercancía, visualizan grabados y revistas de moda, conversan y hasta pueden tomar el té en estas tiendas donde pasan más horas de las que requeriría una simple compra. Era común darse cita con amigas y amigos y hasta presentarse acompañadas de sus hijos o sus mascotas. Todo ello puede advertirse en la pintura satírica y caricaturas de la época.

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Escribir una leyenda

Podría parecer que para los dueños de estas tiendas, tal bullicio incomodaría la labor de venta…todo lo contrario: reunir en su salón a cada vez más personas prestigiaba el sitio…Lograr que se mencionara su tienda dentro de las tertulias de las damas era todo un logro que creaba celebridad al establecimiento…y para ello ponían todo su empeño en decorar el salón de venta, amueblarlo con cómodos asientos, seleccionar con esmero a las dependientas…todo para que se sintiera a gusto y recomienden a sus amistades visitar la tienda…¡estrategias de merchandising!

Más información:

Kimberly Chrisman Campbell: “The Face of Fashion: Milliners in Eighteenth-Century Visual Culture”. Journal for Eighteenth-Century Studies- Volume 25, Issue 2, pages 157–171, September 2002

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