ROBERT ‘BEAU’ FEILDING. Libertino, petimetre y personalidad de la moda.

Robert Feilding es considerado como el primero de los grandes lechuguinos que ejerció influencia en la moda. Fue conocido en la corte de Carlos II (1660 – 1685) con el nombre de “el elegante Feilding”. Aunque no podría clasificarse al ‘Bello Feilding’ como dandy, sin duda, constituyó uno de los primeros referentes de influencia en el vestir masculino.

A Feilding podría considerarse más bien como “petimetre”, término con el cual se identificaba a un ‘personaje tipo’ que aparecía en obras de ficción. El término español «petimetre» proviene, según la RAE, del francés “petit maître” (“pequeño señor”, “señorito”) y significa ‘persona que se preocupa mucho de su compostura y de seguir las modas’. Una de las primeras veces en que aparece este personaje como estereotipo, es en la obra de Molière de 1671, ‘El burgués gentilhombre’, refiriéndose al personaje M. Jourdain, burgués que intenta rehacerse como un aristócrata y un «caballero». La comedia se centra en su ridícula obsesión por estar vestido con demasiada elegancia y sus vanas afirmaciones. Este tipo aparece igualmente en la comedia de la Restauración británica, en ‘The Relapse’ (1696) de John Vanbrugh. En España, como sinónimo se petimetre, existieron los términos despectivos ‘currutaco’, ‘lechuguino’, ‘pisaverde’…

El personaje que nos ocupa, Robert Fielding (1650- 1712) ha quedado en la historia como un bígamo y libertino inglés que se relacionó con la corte inglesa a finales del siglo XVII y principios del XVIII. Fue conocido como un bello y elegante mujeriego dentro de la corte real del rey Carlos II, quien admiró siempre la belleza masculina y le dio al nuevo cortesano los apodos “Beau” y “Handsom Fielding“.

Fielding nació en Solihull, Warwickshire, de padre vinculado con títulos nobiliarios pero con poco capital, quien envió al hijo a Londres a estudiar leyes. Pronto el joven Fielding, consciente de su belleza se introdujo en la alta sociedad londinense. Pronto comenzó a destacarse por sus extravagancias: tanto el diseño de su carruaje como los excesos de su vestimenta. Las crónicas han dejado referencias sobre cómo cuando caminaba por las calles, una multitud de admiradores le seguía, a quienes el joven Adonis trataba con indiferencia y desplantes. Es así como Fielding se introdujo en el ambiente cortesano, siendo muy popular entre las mujeres y destacándose por su actitud narcisista y por acompañar al propio monarca Carlos II en los más escandalosos festines. Gastaba grandes sumas de dinero en amantes, fiestas, en su sastre y, sobre todo, en su peluquero, siendo famoso por mantener siempre la peluca muy cuidada y peinada con esmero.

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El bello Fielding. Retrato de 1600’s. The Trustees of the British Museum

Las deudas pronto aparecieron, sumando a los gastos de su apariencia, los derivados del juego, afición a la que Robert Fielding su unió, como la mayoría de los cortesanos. En busca de encontrar recursos para pagar las deudas, el hermoso joven decidió explotar su belleza. Existen referencias de su primer matrimonio con Mary, hija y heredera de Barnham Swift, vizconde Carlingford y de que su segunda esposa fue Margaret Burke, dos veces viuda, hija de Ulick Burke, el primer marqués de Clanricarde. De ambas se aprovechó de su fortuna.

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Arriba y abajo. Retratos de Fielding. 1600’s


NPG D11968; Beau Feilding published by John Savage
Al morir esta en 1698, Fielding cortejó a Barbara Villiers, duquesa de Cleveland, famosa cortesana y ex amante del rey Carlos II. Al mismo tiempo, persiguió a Anne Deleau, una heredera con una fortuna de £ 60.000, que Fielding descubrió al estudiar la voluntad de su difunto marido. Sobornó a la peluquera de Deleau con £ 500. El peluquero, sin embargo, sabiendo que Deleau probablemente rechazaría, disfrazó a una pobre mujer llamada Mary Wadsworth como viuda. Creyendo Wadsworth era Deleau, Fielding y Wadsworth se casaron el 9 de noviembre de 1705. El compromiso de Fielding con la duquesa de Cleveland también continuó, casandose con esta y comentiendo bigamia en 1705.

Las noticias del doble matrimonio emergieron en mayo de 1706. Mientras tanto, las relaciones entre la duquesa de Cleveland y su marido Fielding eran cada vez más infelices. Después de que ella dejara de pagar sus gastos, él “la maltrataba de manera tan brutal, que estaba obligada a recurrir a un magistrado para protegerse de sus ultrajes”. También llevó a cabo una relación sexual con la nieta de la duquesa, Charlotte Calvert, en la primavera de 1706, y se rumoreó que el padre de un niño nacido en 1707. El caso fue a juicio, Fielding fue procesado y declarado culpable de la bigamia. El matrimonio entre Fielding y la duquesa fue anulado, escapando de la pena menor de ser quemado por orden de la reina Ana, que ordenó la suspensión de todas las sentencias en su contra. Después de la anulación de su matrimonio, se reconcilió con Mary Wadsworth, y la pareja vivieron juntos hasta su muerte, el 12 de mayo de 1712.

La figura de Robert Fielding fue inmortalizada en varios retratos. Su belleza, admirada no solamente por las mujeres, sirvió de modelo para que los autores se recrearan en ella. Su gusto por el arreglo respondía a una etapa en la que los hombres se engalanaban y adornaban casi como las mujeres. La moda masculina emanaba de la corte francesa, en la que el Rey Luis XIV controlaba el estilo del vestir. El largo reinado del Rey Sol (1643-1705) coincidió con la época de esplendor del traje masculino y las pautas del vestir cortesano eran marcadas desde Versalles. El ‘Bello Fielding’, como el resto de los miembros de las cortes europeas, siguió esas pautas, vistiendo el conjunto Rhingrave, tal como se observa en el grabado en el que aparece con el perro, mostrando las amplias mangas de la camisa, la gran corbata de encaje y las cintas en hombros y adorno del calzón, conocidas como ‘petit oies’. Pero lo que destaca sobre todo en sus retratos es la inmensa peluca, la cuidada disposición de sus bucles y la calidad del material, de pelo natural cuyo alto coste haría incrementar sus constantes deudas. Sin duda, el Bello Fielding constituyó un petimetre, un currutaco, un lechuguino… una personalidad de la moda.

Más información:

Grace Wharton (1890). The Wits and Beaux of Society. New York: Worthington, C.O.

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