FRIEDRICH CARL GRÖGER. El Neoclasicismo y la moda

El pasado año, con igual subtítulo, dedicamos una publicación a uno de los grandes pintores del siglo XIX: Gérard (“Personalidades de la Moda: François Gérard. El Neoclacisismo Pictórico y la Moda”, 3 abril, 2016), como continuidad a una realizada sobre otro retratista contemporáneo de gran relevancia: Ingres. En esta (“Ingres. Pintor atento a los vaivenes de la naciente industria de la moda”, 1 diciembre, 2015) volví a comentar sobre la importancia del retrato para el estudio del traje, aún cuando ya existían las revistas de modas pues a pesar de la idealización que pudiera existir en la realidad retratada, los referentes en cuanto a las materias y otros detalles del atuendo son más veraces en la pintura que en una ilustración. Y en el caso de la pintura neoclásica, la técnica propia del estilo propició el legado de obras que permiten la observación con mayor claridad de detalles de la indumentaria. Con el predominio del dibujo y la forma sobre el colorido, se intentaba marcar un distanciamiento del espectador hacia la obra. Los retratos resultan claros, aplicando con la técnica, el deseo de reflejar con objetividad lo observado por el pintor.

Con el neoclasicismo, desde la segunda mitad del siglo XVIII, hacerse un retrato se hizo imprescindible no solamente para los miembros de la nobleza, sino también para la alta burguesía. Se pintaba expresamente para adorno de las habitaciones de los palacios y de las casas, pero, sobre todo, como seña de identidad y espejo de la personalidad y del gusto del retratado. Estos retratos, bajo el estilo neoclásico debían marcar la categoría del personaje dentro de la escala social. Para ello, detallar los elementos del atuendo era indispensable: la vestimenta, la joyería, el cuidado en los peinados, los elementos del tocado o accesorios eran fuertes símbolos de poder. Todo era definido con antelación por el cliente, quien seleccionaba el conjunto con el que sería retratado.

Además de Jacques Louis David, máximo representante de la pintura neoclásica y de los también franceses: François Gérard, Vigée-Lebrun, Jean-François Peyron, Jean Auguste Dominique Ingres, fueras de las fronteras galas encontramos artistas como el pintor y litógrafo alemán Friedrich Carl Gröger.

Friedrich Carl Gröger (1766 – 1838) nació en Plön , norte de Alemania, en el seno de una familia humilde. Su padre, sastre de profesión, pretendía que su hijo siguiera sus pasos, oponiéndose a su temprana vocación artística. Comenzó de forma autodidacta a realizar sus primeras obras, hasta que en 1785 se trasladó a la ciudad de Lübeck, donde conoció al pintor, litógrafo y miniaturista Heinrich Jacob Aldenrath, el cual se convirtió en un leal amigo y mentor de Friedrich Carl.

En 1789 Friedrich Carl comenzó sus estudios en la Academia Prusiana de las Artes de Berlín. Posteriormente, conjuntamente con Aldenrath se trasladaron realizando juntos un viaje de superación y estudio en museos y talleres desde Dresde a París. Regresaron a Lübeck, donde Friedrich Carl trabajó hasta 1807, alternando con estancias Hamburgo, Copenhague, Kiel y Lübeck, antes de asentarse finalmente en Hamburgo en 1814.

Gröger fue desarrollando su técnica y estilo. Comenzó como pintor de miniaturas hasta especializarse como pintor de retratos, prefiriendo los de bustos y tres cuartos al final de su vida. Nunca abandonó su relación con Heinrich Jacob Aldenrath, abriendo una empresa de grabados conjunta bajo el nombre “Gröger & Aldenrath”.

A pesar de que tuvo una obra extensa, que se encuentran en museos del norte de Alemania, Dinamarca y en colecciones privadas, no hay muchos de ellos en la red. Para esta publicación, he seleccionado retratos de personajes femeninos, a excepción de “Los esposos Petersen”, de 1806, por su interés como obra que reproduce tanto la moda femenina como masculina de principios del siglo XIX.

Retrato de los esposos Petersen. Friedrich Carl Gröger. 1806

Friedrich Carl Gröger: Los esposos Petersen, 1806

Como si de un figurín de moda se tratara, en “Los esposos Petersen” Gröger detalla el atuendo de ambos, sin que la postura de ambos elimine la visual del observador para disfrutar del vestido de la Señora Petersen, de raso de seda blanco, con talle alto, mangas cortas y estrechas, escote velado con gasa o organza y el cuello ‘cherrusque”. Destaca dentro del conjunto, el chal rojo y el peinado de clara inspiración greco-romana completa el aire ‘a la antigüedad clásica’. El Sr. Petersen acompaña a a su esposa vistiendo un frac de cierre cruzado, con el corte característico de los primeros años del siglo XIX: solapas altas y anchas, que cubren el alto cuello de la camisa, enrollado con la chalina o corbata blanca que termina con un nudo con las puntas sueltas (tal como lo popularizaron los ‘increíbles’). Calzón o pantalón ajustado, oscuro también, destacando dentro del conjunto, el dije del reloj de bolsillo que asoma del bolsillo derecho del chaleco o del pantalón.

También de fecha cercana al inicio del siglo, he seleccionado el retrato de la hija adoptiva de Gröger “Lina Gröger”.

Lina Gröger, the artist's foster daughter, 1802

Friedrich Carl Gröger: Lina Gröger, 1800′

Realizado en 1802, muestra la tendencia, dentro de la moda Imperio, de adornar el conjunto femenino con detalles renacentistas. La lechuguilla reaparece, sin la rigidez de la original del siglo XVI y como parte de los conjuntos ‘de calle’ no solo como elemento decorativo sino para ocultar el pecho siendo acompañada por un camisolín o tejido semi transparente. El talle alto y una ‘mangas mameluco’ se advierten también en el retrato.

En el resto de los retratos seleccionados, pertenecen a unos años posteriores. Así se advierte en el de “Anne O’Neill St.Croix“ de 1815 y de “Mine Mylius”, en los que el talle ya no es tan alto y los escotes pierden la forma característica de la moda del Imperio, que comienza a variar a partir de 1910’s.

1815 -Friedrich-Carl-GROGER-Anne-O-Neill-St-Croix--marri-1327735184

Friedrich Carl Gröger: Anne O’Neill St. Croix, 1815

Portrait of Mine Mylius

Friedrich Carl Gröger: Mine Mylius, 1800’s

Detalles del patronaje, minuciosidad en la reproducción de los tejidos y de los detalles…todo lo cual convierte a Gröger, como otros muchos pintores, es una personalidad de la moda…

Anuncios

Una respuesta a “FRIEDRICH CARL GRÖGER. El Neoclasicismo y la moda

  1. Pingback: FRIEDRICH CARL GRÖGER. El Neoclasicismo y la moda | VESTUARIO ESCÉNICO - Protocol Bloggers Point·

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s