LOUIS-MICHEL VAN LOO. El “Habit à la Françoise”

Si tuviéramos que estructurar en grandes etapas la evolución del traje del hombre, nos remitiríamos a una periodización que, en muchos aspectos, coincide con la historia general de la indumentaria. Es decir, una primera etapa que abarca desde sus orígenes hasta la aparición del traje cosido y ajustado – punto de partida de la concepción masculina del vestir (siglos XIII y XIV); una segunda etapa que podríamos llamar ‘Esplendor del vestir en el hombre’, caracterizada por un evidente rebuscamiento en la forma y el adorno de la vestimenta masculina (siglo XV hasta finales del siglo XVIII); una tercera: ‘Gestación del traje burgués’, enmarcada a partir de la Revolución Francesa y primera mitad del siglo XIX y por último el ‘Establecimiento y permanencia del traje burgués’, desde la segunda mitad del siglo XIX hasta 1964 aproximadamente.

Estos breves apuntes están dedicados a la imagen emblemática del hombre cortesano, dentro de uno de los siglos en que con mayor se evidencia la etapa que denomino “Esplendor del vestir en el hombre”. El siglo: el XVII; la imagen: la que brindaba el hombre con el conjunto a la francesa o “habit à la françoise”.

Aunque la denominación de “habit à la françoise” se le brindó más tarde, el origen de este conjunto vestimentario se estableció a mediados del siglo XVII, dentro de la corte del Rey Sol, Luis XIV. Pronto se convirtió en símbolo del traje cortesano como resultado de la propaganda sobre la brillantez de un régimen basado en los dictados de un soberano absoluto. A la par que el soberano francés embellecía Versalles, se preocupó también de establecer y controlar la moda. Desde su corte emanaba no sólo la proyección económica y política de una nación sino también los patrones artísticos y del vestir. Las cortes de los monarcas europeos se convirtieron en los centros de moda del mundo. Los cortesanos sustentaron en ellas una posición de privilegio edificando una fuerte trinchera contra la competencia burguesa.

El lujo comenzó a ser parte esencial de la vestimenta de las clases pudientes a partir de los siglos XIII y XIV. Esta tendencia a adornar excesivamente el traje había sido introducida desde el Oriente. Bizancio fue un ejemplo de ello y su influencia se hizo sentir ya desde la época de Carlomagno, cuyo séquito -a pesar de las restricciones del rey- se destacó por la fastuosidad de sus túnicas de seda ricamente bordadas e incrustadas en oro y piedras preciosas. Una vez más – y con mayor fuerza que nunca- la indumentaria era utilizada para diferenciar el status social. El exclusivismo vestimentario aristocrático quedaba, de esta forma, salvaguardado y únicamente sometido al poder del rey, quien podía reservarse para su uso exclusivo determinados materiales, adornos y detalles. Este poder de los monarcas sobre la moda encontró en Francia las condiciones propicias, llegando a obtener una fuerza no superada jamás. Fueron muchos los pintores que a través de los retratos han dejado muestra de este lujo vestimentario. Para esta publicación he seleccionado a uno de ellos, quien fuera retratista de una de las cortes que, bajo la influencia de la dinastía de los Borbones, seguía las modas francesas: la corte de Felipe V de España.

Louis-Michel van Loo (1707- 1771) francés, era descendiente de una familia de pintores de origen flamenco, siendo Jan van Loo, pintor de género del siglo XVI, el primero de la dinastía artística y Carle, el tío de Louis-Michel, su miembro más famoso. Louis-Michel se formó en los talleres que mantenía su padre, Jean-Baptiste, en Turín y en Roma. Para completar su formación, viajó a París y una vez que ingresara en la Academia Real, ganó en 1726 el “Gran premio de Roma”, ciudad a la que viajó con su hermano François y su tío Carle entre 1727 y 1732. En los años en que estuvo en Italia, trabajó en la corte de Turín, en Piamonte, realizando retratos por encargo de la Casa Real. De vuelta a París es admitido en 1733 por la Academia, convirtiéndose en 1735 en profesor adjunto, en la especialidad de retrato. Durante esa época su obra refleja la influencia de Hyacinthe Rigaud.

 

Louis-Michel van Loo- Retrato de un caballero

Louis Michel Van Loo: Retrato de un caballero

Cuando falleció Jean Ranc, quien desde 1723 era el pintor de cámara en la corte del monarca español Felipe V, Rigaud propone a Van Loo a los reyes españoles como retratista oficial de la corte. Así es como ocupa este cargo, llagando a Madrid en 1737, donde comienza a retratar a los miembros de la familia real. Van Loo comenzó realizando numerosos retratos individuales, hasta que en 1743 ejecuta el monumental obra de grupo que guarda el Museo del Prado, “La familia de Felipe V”, cuyo dibujo preparatorio se conserva en la Academia de Bellas Artes de San Fernando y su boceto en Versalles (Musée du Château).

La Familia de Felipe V, 1743, Museo del Prado.

Louis Michel Van Loo: La familia de Felipe V, 1743

Felipe_V_e_Isabel_de_FarnesioFelipe V e Isabel Farnesio en 1743. Museo del Prado.

Louis Michel Van Loo: La familia de Felipe V (detalle), 1743

En 1744 Louis-Michel van Loo alcanzó el nombramiento oficial de primer pintor de cámara y también el cargo de director de la ‘Junta Preparatoria’, una asamblea que prepara la Academia de San Fernando, fundada en 1752 y en la que asumirá el puesto de director de pintura.

van Loo, Louis Michel, 1707-1771; Sir Benjamin Keene (1697-1757), British Minister to Spain

Louis Michel Van Loo: Sir Menjamin Keene

Además del retrato, Van Loo trata también asuntos mitológicos y también la pintura de género, siguiendo en ella los asuntos y estilos de los pintores de los Países Bajos; en 1746 es nombrado por el nuevo monarca, Fernando VI, como primer pintor del rey y, como tal, realiza los retratos oficiales del rey y de su esposa Bárbara de Braganza. El artista francés vuelve en 1752 a su patria, donde asume el puesto de su fallecido tío Carle en la dirección de la École Royale des Élèves Protégés, y donde prepara a los premiados del gran premio para su viaje a ­Roma. Entre 1753 y 1769 participa con regularidad y cosecha grandes éxitos en los Salones. Trabaja en la corte de Versalles y pinta a los miembros de la familia real, entre ellos al futuro Luis XVI.

Retrato de un caballero de Santiago

Louis Michel Van Loo: Retrato de un caballero de Santiago

Van_Loo_-_Le_Marquis_de_Marigny_et_de_sa_femme_(1769)

Louis Michel Van Loo: El marqués de Marigny y su esposa, 1769

Para estos apuntes he seleccionado 4 retratos de Van Loo. A través de ellos y con el estilo pictórico del artista, catalogado como representante del barroco tardío y tránsito al neoclasicismo, podemos observar en detalle una muestra de la riqueza de del ‘conjunto a la francesa’ utilizado por todos los personajes retratados. Las casacas y chalecos se bordaban en oro, plata o seda de brillantes colores, las pelucas aclaradas con polvos de arroz, son sólo algunos de los ejemplos que podrían ilustrar la carrera por la ostentación en los siglos XVII y XVIII y que se reflejan en estos retratos. Se advierte también a través de la pintura de Van Loo, la evolución en la estructura del conjunto ‘a la francesa’. En los retratos realizados en la década de 1740’s (‘Retrato de un caballero’, ‘Sir Benjamin Keene, ministro británico en España’ y en los detalles de “La familia de Felipe V”), la casaca del conjunto es amplia a partir de la cadera y el chaleco posee casi el mismo largo que la casaca. En la obra “El marqués de Marigny y su familia”, perteneciente a 1770’s, ya se observa la casaca más ajustada, tanto en cuerpo y mangas.

Aún cuando las fuentes de inspiración del “habit à la françoise” fueron de origen campesino (de donde pasó al monarca luego de ser adoptado por soldados de su ejército), el conjunto – casaca, chaleco, calzón, medias de seda y peluca- representó durante decenas de años no sólo a una clase social, sino también a un modo de vida, una manera de pensar, una filosofía. Con escasas variaciones, se mantuvo durante el siguiente siglo y sufrió los embates de la revolución burguesa, manteniéndose posteriormente como vestimenta de lujo de los principales lacayos de las mansiones de las familias burguesas.

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