EL TRAJE INFANTIL CORTESANO en el siglo XVI

Para comenzar el (esperado mejor) nuevo año 2021 retomo y amplío unos apuntes de 2012, dedicado a la vestimenta infantil en el siglo XVI.

Actualmente es común que los niños vistan con un atuendo que concilie detalles estilísticos derivados de la estética del vestir de cada etapa, con los relativos al necesario confort, cuidados higiénicos y ergonómicos de los pequeños. Sin embargo, durante siglos, los cuerpos de bebés, niños o adolescentes fueron cubiertos sin tener en cuenta estos aspectos. No es hasta el siglo XVIII, gracias a las ideas de pensadores de la etapa de la Ilustración, cuando los conceptos modernos de la infancia y la familia salen a la luz. El siglo XIX serviría para llevarlos a la práctica, consolidándose lo que podemos considerar como el cambio significativo de la visión sobre la niñez. En estos apuntes, nos detendremos en la manera de vestir a los niños durante la moda renacentista.

En varias publicaciones he afirmado que el traje del siglo XVI constituye la mayor muestra de la ornamentación y el lujo jamás llevada sobre el cuerpo del hombre. En todos los países de Europa se ve estallar ese lujo, no sólo en la indumentaria de los cortesanos, sino también en la de los burgueses. Desde finales de siglo XV, debido a varios factores, que podrían resumirse en: la consolidación de las cortes, el desarrollo técnico y comercial, el crecimiento de las grandes ciudades, la afluencia de metales preciosos provenientes de América, sin olvidarnos del orgullo de la hermosura física -derivado del arte del Renacimiento y de los ideales del humanismo- que encontró en la vestimenta un medio idóneo para su proyección…entran a formar parte de la construcción del vestido los materiales suntuosos, los tejidos bordados o brocados, los géneros enjoyados. No solamente los tejidos ricos como la seda en sus más elaboradas variantes (brocado, damasco, terciopelo labrado, entre otras) eran utilizados para la construcción de los trajes, sino que eran profusamente incrustados con piedras preciosas, adquiriendo los conjuntos femeninos y masculinos un aspecto de lujo extremadamente exagerado.

Y para ostentar al máximo el poder a través de la apariencia, los niños de las familias pertenecientes a los estamentos en el poder fueron también utilizados. Durante el siglo XVI, a medida que concluye la influencia veneciana y se define y difunde la moda renacentista española, los niños continúan siendo vestidos como sus progenitores. La incomodidad extrema sufrida por los adultos debido al uso de las prendas que componían tanto el conjunto femenino como masculino, sería igual o superior en el caso de los infantes. Sobre esta etapa existe abundante información visual, gracias a que el retrato se convierte en una vía de expresión de poder de la nobleza. Cada casa real poseía sus pintores de corte dedicados a reproducir la imagen no solamente del jefe de la familia real sino también a sus sucesores. El retrato real fue durante siglos, el vehículo ideal para promocionar la grandeza y preservar la memoria de las dinastías a través de la imagen. Y dentro de esta divulgación del poder dinástico, los hijos ocupaban un lugar especial.

Como señala Gema Cobo en su trabajo “Retratos infantiles en el reinado de Felipe III y Margarita de Austria: entre el afecto y la política”, … “Los retratos infantiles debían formar parte de los esfuerzos de los monarcas por mostrar el poder regio a través de un lenguaje visual que proyectara el distanciamiento, la idealización cuasi divina del personaje y su presencia como una suerte de icono (…) al margen de su uso, los retratos siempre tenían que presentar al infante de un modo oficial por ser un miembro de la familia real…”. Técnicas decorativas como el enguatado, el acuchillado, cuellos como las lechuguillas, calzones con volumen y bragueta prominente, jubones acolchados y rígidos, conjuntos como la galera …elaborados en materiales “ricos” como la seda y sus derivados, decorados con incrustaciones y bordados, cubrían los pequeños cuerpos de los infantes. Solamente el peso que debían soportar era razón suficiente para criticar esta costumbre insana de disfrazar a los niños de adultos cortesanos. Por supuesto que dichos atuendos eran utilizados para “ser mostrados” o cuando se realizaba un retrato, pero en la vida íntima, los niños vestían de forma menos compleja.

Sánchez Coello: Retrato del Infante Don Fernando de Austria, hijo de Felipe II de España, 1577
Anónimo: María-Ana de Austria, Infanta de España, 1609
Arriba y abajo: Gortzius Geldorp: Retratos familiares, 1598

A finales del siglo XVI se establece una peculiar costumbre en la indumentaria infantil que se prolongará durante el siguiente siglo: vestir a niños como niñas hasta la edad de cuatro o cinco años. Algunos autores afirman que esto no sucede hasta el siglo XVII, sin embargo, en la obra de Sánchez Coello de 1579 de los infantes Don Diego y Don Felipe, se observa a ambos con ropajes femeninos. Los bebés y niños pequeños llevaban faldas sobre varias enaguas y la única diferencia con el conjunto de las niñas era sustituir el típico cuerpo-corpiño femenino con las mangas de mayor fantasía por una especie de doublet o jubón-coleto para cubrir la parte superior. El infante Don Diego aparece retratado en una edad temprana, ataviado con la galera decorada, con sus mangas de punta colgando a la espalda, la lechuguilla sobre el alzacuello, formando el conjunto típicamente femenino (Sánchez Coello. Retrato de Don Diego, hijo de Felipe II. Museo de Liechtenstein, Viena).

Sánchez Coello: Don Diego y Don Felipe, Infantes de España. 1578

A estas vestimentas se les agregaban unas largas bandas de tejido, cosidas a los hombros del cuerpo del vestido, las cuales servían a las madres o nodrizas para controlar al pequeño en sus primeros pasos al andar. Derivadas quizás de las mangas perdidas o colgantes de la moda de los siglos XV y XVI, su función las convierte en especie de “andadores”, cuyo uso se prolonga hasta el siglo XVIII. En varios retratos de infantes se observan estas tiras o bandas, tal es el caso del retrato que realizara Sánchez Coello a Don Diego, hijo de Felipe II de España o en el que Marcus Gheeraerts –pintor de la corte de los Tudor- realizara a un niño de 2 años.

Sánchez Coello: Retrato del Infante Don Diego, 1577
Marcus Gheeraerts el joven: Niño a la edad de dos años, 1608
Pantoja de la Cruz: Los Infantes Don Felipe y Doña Ana, 1607
Cornelis de Vos: La hijas del pintor, 1630-40

Una vez llegado a los cuatro o cinco años, los niños vestirán como pequeñas copias de sus padres. Las niñas y adolescentes utilizaron todas las prendas llevadas por sus madres: desde el verdugado (falda armada que brindaba el volumen rígido a la parte inferior de la silueta femenina), las “blanquetes” o vestidos interiores, el cuerpo-corsé, la galera ricamente decorada, con el alza cuello y la lechuguilla, todo lo cual se retrata en detalle en la las figuras de Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela (Las hijas de Felipe II. Sánchez Coello, 1575, Museo del Prado) incluyendo detalles como el pañuelo en la mano, los collares de perlas y demás joyas que adornan el vestido y el tocado.

Sánchez Coello: Las hijas de Felipe II, 1575

No solamente en España se vestían a los niños de adultos, existen abundantes retratos de autores como Cranach, Holbein, entre otros, que han dejado testimonios sobre el vestir infantil del siglo XVI en las altas clases europeas. En los retratos de dos príncipes de Sajonia se observa la recargada indumentaria de ambos infantes: el príncipe lleva un coleto bordado en oro sobre un jubón de seda ricamente labrada, sobre ello, una ropilla, según la moda masculina de la primera mitad del siglo XVI. Su cabello se adorna con una corona de pequeñas flores, costumbre habitual como tocado de niños de corta edad. La princesa lleva un recargado atuendo, con mangas reventadas y atadas, conjunto que constituye una fiel copia del usado por las damas según el estilo alemán de la moda renacentista.

Lucas Cranach el Viejo: Retratos de un príncipe y de una princesa sajona, 1517

Durante el siglo XVII los niños continuaron sufriendo con la indumentaria copiada de sus padres. Se mantiene la norma de que los varones sean vestidos como hembras en los primeros años de vida. Ni en las sociedades con la burguesía en el poder, rechazaron esa costumbre y así vemos en los retratos de los holandeses las oscuras vestiduras de paño o terciopelo cubriendo los cuerpos de niños y niñas, acompañados por los rígidos y grandes cuellos y tocados en esa etapa de transición de la moda renacentista a la barroca correspondiente a las tres primeras décadas del seiscientos.

Frans Hals: Retrato de una familia holandesa, 1633-1636

Afortunadamente, el siglo de la razón o de las luces, “iluminó” esa parte del pensamiento humano y, en el siglo XIX, ya niños y niñas pudieron encontrarse un poco más cómodos con su vestimenta la cual, como hasta el día de hoy, mantuvo alguna dosis de deseo de ostentar de sus padres, a través de los pequeños cuerpos de sus hijo.

Más información:

Gemma Cobo Delgado (2014): “Retratos infantiles en el reinado de Felipe III y Margarita de Austria: entre el afecto y la política”.  Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte. 15 de enero de 2014 vol. 25, 2013, pp. 23-42. ISSN. 1130-5517. Universidad Complutense de Madrid

3 Respuestas a “EL TRAJE INFANTIL CORTESANO en el siglo XVI

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