ROBERT DE MONTESQUIOU – Aristócrata, poeta y dandy

36107010En enero de 2000 en el Musée d´Orsay de París se organizó una exposición sobre un personaje emblemático de finales del siglo XIX que pasó de la gloria y la sofisticación al más absoluto olvido: Robert de Montesquiou-Fezensac. La exposición, titulada “Robert de Montesquiou on l´art de paraître” (El arte de aparentar, el arte de dejarse ver), exhibía fotografías, retratos, manuscritos, ediciones y otros documentos relacionados con la vida de este, sin duda, personaje literario y de la moda.

Robert de Montesquiou (Marie Joseph Robert Anatole), conde de Montesquiou-Fézensac, (Francia, 1855 – 1921) fue un aristócrata poeta perteneciente al movimiento simbolista francés, así como mecenas del arte y afamado dandi. Nacido en París, en 1855, cuarto y último hijo del conde Thierry de Montesquiou-Fézensac y su esposa, Pauline Duraux. Por línea paterna desciende de un ilustre linaje originario de Gascuña que cuenta entre sus antepasados con Blaise de Montluc y Charles de Batz-Castelmore, conde de Artagnan.

En 1885, Montesquiou conoció a Gabriel de Yturri (1864-1905), de origen peruano pero nacido en Argentina, que se convirtió en su secretario, amigo y amante, durante 20 años. Aunque Montesquiou siempre llevó su homosexualidad con discreción, evitando dar el menor escándalo como se esperaba en la época de un hombre de su posición, siempre se rodeó de un círculo de amigos también homosexuales.

Como expresa Luis Antonio de Villena en su artículo “El arte de aparentar”, (publicado a raíz de la exposición, publicado el 16/01/2000 en Elcultural.eshttp://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/15059/El_arte_de_aparentar), Montesquiou era ya un personaje más que famoso, un dilettante exquisito del gran mundo, antes de haber publicado ningún libro. Rico, extravagante y absolutamente enamorado de la Belleza, era alto, delgado, de estilizado perfil de mosquetero adamado, y se hacía amigo de escritores y pintores para incorporarlos a su mundo aristocrático que por entonces daba sus últimos resplandores, permitiendo el snobismo. Barbey d´Aurevilly y Judith Gautier fueron los primeros en la larga serie de amigos poetas, actrices, pintores; entre ellos: Alphonse Daudet, Sarah Bernhardt, Eleanora Duse, Gabriele D’Annunzio, Luisa Casati, JAM Whistler, Jean Cocteau.comte1

1879. L. Doucet, Conde Robert de Montesquiou-Fezensac,

1879. L. Doucet, Conde Robert de Montesquiou-Fezensac,

Montesquiou, en efecto, hacía lo que ellos no se atrevían o no podían hacer: vivir el arte. Comportarse como un genuino esteta. Sus casas decoradas con gusto refinadísimo, barroco e insólito, sus fiestas de disfraces y sus maneras personales, (…), despertaban un interés curioso y apasionado. Era la imagen misma del Fin de Siglo.”

1880's. Robert de Montesquiou en el personaje de Passant

1880’s. Robert de Montesquiou en el personaje de Passant

Se vestía de japonés, tenía distintas habitaciones para sus cambiantes estados de ánimo (incluida una que era un trineo en la estepa rusa), fumaba opio e hizo poner un caparazón de piedras preciosas sobre una tortuga, como objeto estético móvil. Las anécdotas que nutrirían la vida y lo operetesco y gestual de este caballero, que comenzó siendo un dandy esbelto y joven, fueron infinitas y probablemente no todas auténticas.

Considerado dentro del demi monde parisino como un esteta y árbitro de moda, se destacaba en los salones por su atuendo: con su traje de terciopelo de exquisito corte, realizado por los más afamados sastres de la época, corbatas insólitas y sobre todo, la calidad de sus guantes. Era el niño mimado de la sociedad de la época, de aquellos que encontraron la poesía de vanguardia demasiado compleja de entender y se quedaron prefiriendo la ópera ligera.

Montesquiou habría sido un poeta digno, un notable crítico de arte y un prosista nada desdeñable, porque a su erudición no le faltaron ideas. Como dijera su primer gran rescatador, Philippe Jullian, en su biografía: “Robert de Montesquiou, un Prince 1900”: ‘más que un decorado sí. Pero también alguien que no solo hizo poemas, sino que fue poema’. 
lL. Doucet, Comte Robert de Montesquiou-Fezensac, 1879 Le Comte Robert de Montesquiou-Fézensac Portrait original en couleur.
Árbitro de moda que contribuyó, a pesar de sus excentricidades, a reafirmar lo que décadas antes había proclamado el “Bello Brummell”. Con sus conjuntos bien cortados y confeccionados, con sus exquisitos guantes y complementos, mostraría que la perfección del corte, el ajuste impecable y la selección de los complementos, seguirían siendo un símbolo de la elegancia masculina.

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