LA BLANCA PELUCA MASCULINA DEL SIGLO XVIII y el PROCESO DE EMPOLVARLA.

En anteriores publicaciones nos hemos detenido tanto en la moda de la llamada ‘estética de la vejez’ (costumbre de los siglos XVII y XVIII de empolvar rostro y cabellos con polvos para aclarar el tono) como en el oficio de los barberos-peluqueros (“Sobre los oficios de la costura – los barberos- peluqueros o el oficio de embellecer el rostro y el pelo”, 11 enero, 2013). En esta última, señalamos cómo y cuándo se produjo la incorporación del oficio de peluquero a las tareas a realizar por los barberos:

Desde la Edad Media, la actividad de los barberos no se reducía al arreglo del rostro y peinado del hombre, sino que, producto de decisiones de las autoridades de la Iglesia Católica que prohíben entre los siglos XII y XIII, que los clérigos siguieran practicando operaciones de cirugía, éstas comienzan a ser efectuadas por los barberos (…) En Inglaterra las corporaciones de cirujanos funcionaron junto con las compañías de barberos hasta 1745. A partir de ese año, por decisión del rey Jorge II de Gran Bretaña, las corporaciones serán separadas y los barberos deberán limitarse a sus funciones de corte y arreglo del cabello. El rey Luis XIV en Francia tomará la misma medida pocos años después. Esto producirá una declinación y una pérdida de prestigio en la profesión de barbero. (…) Pero un cambio en la moda propiciará un resurgir del prestigio de estos especialistas.

Se trata de la moda del peinado de finales del siglo XVII y todo el siglo XVIII. Con ello, los barberos se reconvierten en peluqueros, recobrando su celebridad y adquiriendo, algunos, una considerable fortuna. Las extravagancias de la moda, y sobre todo, del peinado adoptado por las mujeres, desde la invención de los polvos para dotar la deseada ‘estética de la vejez’, abrieron la imaginación de los artistas encargados de elaborar los complicados peinados femeninos o pelucas masculinas.”

Los estilos de los peinados y pelucas seguían los dictados de la moda cortesana y al comenzar el siglo XVIII aún la moda capilar masculina era mucho más compleja que la femenina. Los cabellos de la mujer se recogían en peinados discretos, mientras que las pelucas de los hombres se mantenían con el exagerado volumen de rizos, según la estética marcada por Luis XIV hasta su muerte en 1715. A la par que se reduce el volumen de las pelucas de los hombres, comienza a complicarse el peinado de las mujeres, todo ello con la generalización del ‘empolvamiento’ de los cabellos con polvos de arroz.

Los peluqueros, además de diseñar, elaborar y colocar las pelucas, tendrían la tarea de mantenerlas en buen estado periódicamente. Poco a poco, todo aquel que pudiera pagarla, comenzó a usar pelucas, cuyo diseño era una tarea complicada, y se transformó en todo un oficio de primerísima necesidad.

1773. Carington Bowles.The old beau in an extasy

1773. Carington Bowles.The old beau in an extasy

Desde la corte francesa, con la aprobación y promoción en su uso por el propio Luis XV, la peluca pequeña para el hombre se afianza como moda en el resto de las cortes del mundo en todo el resto del siglo. Recogido el cabello en una coleta, sus diseños y denominaciones variaron, pero sin volver a adquirir las dimensiones de la etapa anterior. Solamente algunos jóvenes que exageraban las modas y maneras (como los ‘macaronies’) utilizaron pelucas con volumen al frente, a finales del siglo XVIII, en clara competencia con los altos peinados femeninos.

Después de colocada la peluca en la cabeza del cliente o del busto del peluquero, se procedía al empolvado, realizado, tal como señalamos, con polvos de arroz, de trigo y hasta de patatas, para las pelucas ‘baratas’. Las ‘técnicas’ para empolvar las pelucas podían variar. Gracias a la literatura y, sobre todo, a los grabados, podemos conocer que se utilizaba tanto el sistema de ‘soplado’ (colocando los polvos en un cono de papel grueso y soplando para su dispersión), como lo que podría ser el antecedente del ‘spray’ , basado en el anterior, pero empujando con la mano a la pieza que hacía emerger el polvo de forma dispersa por el extremo opuesto.

1770. Grabado de James Caldwell  y  John Collet. Impreso en  Smith y  Sayer. Londres

1770. Grabado de James Caldwell y John Collet. Impreso en Smith y Sayer. Londres

En otros grabados observamos que no se recurre a más técnica que dispersar los polvos cerca de la peluca o recurrir a motas de algodón o tela impregnados en polvo para su distribución manual por la peluca.

1780's. Barbero empolvando una peluca con algodón

1780’s. Barbero empolvando una peluca con algodón

Con la complejidad que requería tener una peluca ‘a la moda’ se entiende que se convirtiera, por su coste, el símbolo de status, y a pesar de su coste, muchos hombres de las clases menos pudientes intentaban poseer, al menos una. Por ello, era habitual que se produjeran en la época muchos robos de pelucas, las cuales enseguida tenían comprador, a bajo precio, en el ‘mercado negro’.

Las pelucas de mayor calidad eran las realizadas en pelo natural, pero también podía hacerse de crin de caballo o de lana cordero…Por su demanda por las clases humildes, llegaron a venderse pelucas a base de cabello de humanos víctimas de plagas como la peste…

1771. Peluquero vendiendo pelucas

1771. Peluquero vendiendo pelucas

Muchos barberos-peluqueros tenían sus ‘tiendas’ o talleres y, según la categoría de sus clientes y los propios ingresos, eran más o menos elegantes, existiendo establecimientos con muy malas condiciones, tanto de espacio como de higiene. Pero las familias pudientes realizaban este proceso en sus casas o palacios, donde poseían un salón dedicado a ello -el “toilette”- en el cual citaban al peluquero para que realizara el retoque del peinado de la peluca y su empolvamiento, cubriéndose el cliente el rosto con un cono de papel grueso para que no se le estropeara el maquillaje el cual, generalmente, realizaban primero.

1780's. Debocourt. The toilette

1780’s. Debocourt. The toilette

En 1777 existían aproximadamente 1,200 peluqueros trabajando en París. Con la generalización del uso de la peluca, se presenta un conflicto entre los peluqueros ‘estilistas’ y los peluqueros ‘hacedores’ de pelucas, tarea que comenzaron a realizar los barberos, especializándose en las técnicas de hacer, empolvar y mantener las pelucas.

A pesar de estos enfrentamientos, para esta fecha, ya estaban bien definidos ambos oficios: el de peluquero y el de barbero, quedando éste como el profesional de arreglar el rostro, cabello y peluca de los hombres y el peluquero, como ‘estilista’ al servicio de las modas femeninas, cada vez más extravagantes.

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